Un hueco, una grieta por donde colarme, un resquicio por donde introducirme, una rendija para penetrar, solo un pequeño rincón en el que compartir mi existencia con la del resto del mundo. A los que oímos voces dentro de nuestra cabeza nos resulta complicado encontrar ese lugar, ese punto en el cual nos podemos sentar y contemplar el previsible paso de las agujas del reloj.
Esta noche volvió la vida a visitarme, es agradable a veces, otras cruel, titánica a la par que efímera. Doña Vida viene a contarme sus cosas, y yo la contemplo embriagado por la magnitud de su belleza, cuando me mira a los ojos me llena por dentro con un calor difícil de explicar, una sensación que recorre mi cuerpo haciendo que centelleen mis sentidos, una electrizante melancolía, un murmullo de silencios que se arremolinan entre el sueño y mi conciencia. Se baña vida en mis recuerdos, y aún desnuda y hermosa, también tiene una funesta sonrisa, que hace que no olvide su salvaje esencia. Los que oímos voces pronto nos cansamos de la bestia Vida, por que a nosotros nos devora otro animal mucho más voraz si cabe.
Conozco muy bien que tras estos cristales me contemplan, no se lo que hay fuera, solo se lo que me cuenta la exótica belleza de sonrisa gris. Los primeros recuerdos que tengo ya habitaban en esta urna, un arca hecha para un ser insólito, posiblemente sea la atracción mas barata de una deslucida feria, una alimaña enjaulada para el disfrute de todo aquel que se atreva a contemplarme, supongo que yo también echaría un vistazo.
Lo curioso es como sin haber salido nunca de esta prisión de cristal, ya sepa que hay mas gente como yo, que somos muchos los que oímos voces, pero pocos, los que las aceptamos y escuchamos. Vida sigue cantándome esa canción, la que me hacía llorar, la que me habla de un mundo de hermanos que se matan unos a otros, un mundo donde amar a veces es tabú, donde unos trozos de papel y metal dominan la conciencia generalizada, donde la gente ya no canta durante su quehaceres. Los que oímos voces dentro de nuestra cabeza, siempre lloramos al escuchar esta triste canción.
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