lunes, 19 de octubre de 2015


   3 metros me separan de ti, apenas puedo moverme, la perfección resplandece ante mí, me hace temblar, me pone nervioso, como afrontar tu belleza, mirarte, no mirarte, el calor en mis mejillas anuncian la llegada de un leve rubor, y el notar eso, hace que me averguence aún más.

   Creo que tu ni siquiera te has fijado en mi, son segundos los que llevo contemplandote, pero el tiempo merece ser medido con escrupulo, en latidos, en aliento, en fantasía. No te diré nada, soy incapaz, no quiero ni tan siquiera incomodarte con mi presencia, prefiero ser parte del decorado, como un mirón sofocado que no puede dejar de mirar la excitante escena, que peca a sabiendas de que en su vida no habrá marcha atrás después de probar la ambrosía mas obscena, contemplarte.

   Perplejo, paralizado, hasta para fantasear te pido permiso, lo hace mi voz, esa voz apagada que solo escucho yo, que pone nombre a tu rostro, un nombre que suena a silencio pero que sabe a devota exaltación. Y te desvaneces, y estas sabanas no te traen a mi, y vuelven los recuerdos a manar sin clemencia, y duel, y duele y duele.

   Y de repente apareces otra vez ante mi, ¡Diós bendiga la demencia! Y ya todo deja de doler, ya deja de doler, ya deja de doler, ya solo hay miedo, pero no dolor. Siempre hay miedo, donde hay algo bueno, hay miedo, donde hay amor, hay miedo. Los recuerdos se algopan, aquella primera vez que te vi, la primera vez que hicimos el amor, la última vez que lo hicimos, las veces que te reías de mi, y el bufón se sentía orgulloso, por que la luz de aquella sonrisa apagaba cualquier sombra en este opáco corazón, las veces que reprochabas mis imperfecciones, lo entendía, aceptaba que intentaras hacer de esa alma perdida algo de provecho. Pero las almas perdidas no suelen tener nada de provecho.

   En esta historia, el gusano jamás se convierte en mariposa, y tu mariposa, nunca amarás a un gusano. Pues nosotros estamos rodeados de tierra, oscuridad, podredumbre, y vosotras, estaís rodeadas de cielo, de colores, de esa brisa celestial que os eleva hasta donde nuestra imaginación de gusano no nos llevará jamás. Aquí arrastrandome sigo mudo por tu belleza, jamás hablaré, aunque estes a 3 metros de mi. Y duele, y duele, y a este gusano le dueles.