A veces, sin saber por qué, se pierde el control de las emociones. Solo somos conductores de la vida, simples y meros metales que conducen cada atomo de nuestra existencia hacia un destino carente de sentido hasta que el futuro se torna en presente. Damos el salto de una conciencia terrenal hacia un plano incomprensible para nuestra limitada mente.
Esto ocurre en ocasiones forzado por un trauma, un elemento externo que nos desarma, como si fueramos un juguete en manos de la providencia. Pero cuando nuestra mente es capaz de liberar amarras y naufragar entre las olas del tiempo, la paranoia coquetea con la realidad haciendonos complices de algo maravilloso.
Entre estas cuatro paredes a veces he creido encontrar el verdadero amor en ese estado. He sentido todo aquello que me rodeaba hasta el punto de llegar a sufrir la tristeza de la desterrada noche, como si cada particula de oscuridad emitiera un gemido de desesperanza.
¿Que por que estoy aquí? Muy sencillo, por que no debo coexistir con nadie de mi especie, no se me esta permitido hablar con nadie mas allá de estos muros. No puedo contar todo aquello que con el paso del tiempo he ido asimilando.
No se me esta permitido decirles que todo es más sencillo, que estabamos equivocados. Cuando somos niños lo sabemos todo y poco a poco se va erosionando cada una de nuestras percepciones. Somos nomadas en busca de sensaciones, eternos caminantes sin rumbo ni destino.
Es maravillosa esa sensacion de libertad, de levedad, solo energía, nuestro perdón danzando en consonancia con las vibraciones del amor incondicional. Rozar cada molécula del universo hasta fundirse en una explosión de éxtasis, algunos lo llaman Nirvana, otros Dios, los últimos que me acompañaron antres de entrar en estos muros, lo llamaron Muerte.