Desgarra cada parte de mi que queda en tus recuerdos, quema cualquier atisbo de nuestro pasado, hunde en un el mar del olvido todo aquello que fui para ti, y aún así la noche me llevará de vuelta a ti como ahora te trae a mi.
Mis sabanas no son más que cristales rotos que se clavan entre mis deseos, anhelando la forma en la que solías quedarte mirándome mientras mi mente se perdía en ese mundo lleno de canciones que a veces son los sueños. Y mi humana debilidad arrastra todo lo que queda de mi conciencia ofreciéndote mi cordura.
Escribo y vives, canto y vives, sueño y vives, como se puede matar lo que jamás puede morir. Quiero sentir tu piel secuestrando mis gemidos, quiero susurrar rubor a tus sentidos, quiero bañarme en lo mas profundo de tu cuerpo, y con todo, siento miedo, lloro y siento miedo.
Mortal que se arrodilla ante ti, Afrodita. Esos ojos que se posan ante mi, y me dan el universo en cada mirada. Ni Cronos y sus celos pueden hacer que el tiempo ande para ti y para mi. Ni el tiempo hacen que tu imagen desnuda entre mis brazos se borre de mi cabeza, y mi pecho sube y baja, y mi respiración se acelera, y el animal que soy vuelve a estar a tu merced.
Otra noche sobre cristales, otra madrugada lamiendo mis heridas, otro mañana sin ti, desnudo mortal con media alma remendada y la otra media desgastada. Si tiene sentido tener voz es para poder vestirla con tu nombre.