ACORDES DE INTRODUCCIÓN A LA PRIMERA ESTROFA
Un latigazo en mi memoria corroe cada partícula atrapada en aquellas historias. Ahora solo son recuerdos de un pasado ya muy distante, los días son lejanos ya, los años décadas, eras. Eras marchitas en mi memoria, rescoldos casi apagados temerosos de llegar a convertirse en ceniza
Desde aquí arriba se puede contemplar todo, desde aquí veo la miseria, la locura, la estupidificación del ser humano. Solo vigilo desde esta cima, callado, pensativo, la curiosidad de antaño ha pasado a ser una bocanada de bilis en mis sentidos. Un mal sabor de boca que nunca se marcha y que se intensifica cada vez que me centro en sus miradas, esas miradas, ese vacío altanero, esa prepotencia superior.
Me alejo otra vez, vuelvo al verde oscuro de mi paz. Me encierro en la canción, me vuelve a abrazar, me abstrae de todo, el viento danza al son de la música, locura se arrodilla ante mi preguntándome que deseo. Deseo ser parte de esto, olvidar el vacío de ese precipicio y perderme en este bosque, ser niño, cantar latidos, latir estrofas.
Locura sonríe y me abraza como una madre abraza a un hijo, después me desnuda como una mujer desnuda a su marido y me besa como una ardiente amante besa preparando lo que después va a ser comido. Soy devorado cada minuto en soledad, es una triste punzada de placer, alejándote de una fea realidad, pero acercándote al ciego éxtasis de la eternidad.
Mi rostro ya no es como era, mi pelo ya no es como era, mi cuerpo ya no es como era, todo ha cambiado, una metamorfosis que no para, que no cesa, a cada instante una forma diferente, soy éter, soy piedra, soy pozo, soy enredadera. Soy un niño, soy lo que era. Una incesante cascada de cambios por dentro y por fuera. Puedo ser lo que deseo pero solo cuando Locura quiera, puedo ser lo que ella quiera pero solo cuando ella me besa. Me derramo entre sus brazos para luego ser su trono de piedra, para luego vagar entre sus piernas y ser laguna, manantial, fuente, mar en tormenta. Ahora soy niño, canción resuena, ahora soy hombre, escribiendo mi condena, ahora soy lobo echado en la verde pradera.
Las ondas en este charco interrumpen la voz que esta historia cuenta, el niño levanta la mirada del charco para dar la bienvenida a Lluvia, que poco a poco se acerca, dando puñaladas al hombre de canas que en el fondo del agua paciente espera. Niño que ya no lo observa, hombre callado, pensativo, realidad a un fondo y música de gotas al caer que resuenan.
-Por hoy ya está bien niño, que el pasado y el futuro se fundan bajo la lluvia confundiéndose como dos amantes ansiosos, locos, impacientes, salvajes, obscenos, impíos, desafiantes y rebeldes. Que las mentes jueguen a descifrar la Canción de este bosque tan verde.