martes, 13 de febrero de 2018




ESTE ES MI REINO

   La brisa mece a cámara lenta cualquier atisbo de cordura a mi alrededor. Estoy en un Coliseum, la gente me contempla esperando a que la parálisis de mi cuerpo desaparezca y pueda comenzar mi acto. El ensordecedor jaleo satura mis pensamientos, estoy bloqueado por completo, no puedo moverme.

   De repente una columna de humo marca el tempo de gritos y alaridos, como un demente director de orquesta dando paso a los vientos, estridentes e histriónicos. Una avalancha de gente se precipita en el sentido contrario al de las llamas emergentes. Yo sigo bloqueado, quieto, mi mirada perdida solo es un testigo pasivo de tal catástrofe. En medio de la arena solo estoy yo, de pie, sucio, encadenado, tapado solo por unos harapos que caen desde mi cintura hasta mis rodillas. No puedo apartar la vista de la masacre, no disfruto pero tampoco sufro. A cámara lenta el fuego se propaga a lo largo de todo el graderío.

   En breves instantes solo quedan restos humeantes y un fuerte olor a carne quemada. Una figura observando el dantesco espectáculo, petrificado, con el pecho secuestrando una bocanada de aire y un sudor frio que perla mi desnuda espalda. De repente me percato de la presencia de algo a mi lado. Golpea mi garganta el aire entrando como un invitado inesperado para mi cabeza pero vital para mi cuerpo. Me despierto de mi letargo mirando a mi nuevo acompañante.

   Un perro, un vulgar can, sin pedigrí, callejero, sucio y de aspecto dócil. Echado cerca de mis pies descalzos, bostezando, con pachorra, con indiferencia ante la locura allí acontecida.

-¿Hoy no te aplauden verdad?

   Una voz golpea mi conciencia, miro alrededor y no hay nadie, los restos de la infernal escena han desaparecido, y solo quedan piedras erosionadas, antiguas, viejas como el mismo sol que las calienta, ni humo, ni carne.

-Soy yo, imbécil

   Miro hacía el animal y veo que me está mirando fijamente.

-Sí, puedo hablar
-Dios
-No, ese no habla contigo. Estamos en un sueño, no soy real, ni esta escena, lo único real que hay aquí eres tu. Al menos eso crees.

   Tras decir eso se posó sobre sus cuatro patas y empezó a dar lentamente unos pasos alejándose de mi.

-Continuaremos esta conversación en otro momento, en otro sueño, ahora toca despertar. Creo que ya he sembrado algo de locura en tu árida mente.
-¿Por qué un sueño?¿Por qué a mi?
-Porque este es mi reino, y porque puedo.


   Miré como se marchaba, como se iba adentrando entre las sombras, pero ya no era un perro callejero, era un lobo.

domingo, 4 de febrero de 2018



   Se desvanece la luz, la noche es ahora la que rodea tus pensamientos. Yo solo contemplo desde la distancia. Frío, todo es frío, no hay más latido que el tuyo, el mio lo desconectaste como si de un juguete viejo se tratase, incapaz de emitir más que una luz parpadeante y medio apagada y un ruido desagradable, grave y distorsionado.

   Me llamas, pero yo no puedo oír tu voz, solo veo el movimiento relentizado de tus labios, esos labios que antes habían dado sentido a mi boca, habían reconectado mi vida a la humanidad. Años importantes se nos marcharon, ya no soy canción, ni niño, solo una sombra que deambula alrededor de tu cama,sin poder rozarte, sin poder contarte mis alegrías al oído, pues alegrías ya no tengo y mi voz deambula en la eternidad como un miserable eco agonizante.

   Mi prisión no es esta oscuridad, es no poder sostener la llama que a ti te de un poco de luz en tan vacía noche. Vagué muchos años entre bosques y lunas, me adormecí en tu ventana hasta que me despertó el amanecer. Alpha y Omega tocándose en un gesto de desafío a los dioses. Tu contemplaste lo que nadie veía y yo solo me arrodillaba ante la evidencia. Un alma y una mirada engarzados en el mismo instante, con una misma voz, con piel como jaula, con orgullo como bandera y a mi como protector.

   Hiciste de la leyenda realidad, volvieron los latidos, el calor, el dolor, la música, el amor, la locura, el valor. La bocanada de aire entraba en mi pecho golpeando la inmortalidad para luego marcharse y dejar otra vez el vació más absoluto, el cosmos adentrándose por cada poro de mi piel. Y tu mirando al juguete, sin comprender nada, solo viste un pequeño destello en una mirada muerta, el parpadeo de la vida reflejada por ti, la eternidad rozando sin querer la melena de una niña pequeña caprichosa y despreocupada, una niña pequeña, la esperanza, la bondad, pero también, la temeridad

   Ahora todo desapareció. Si dejas de creer en una leyenda, la leyenda se desvanece. Ya he muerto, he vuelto a lunas y bosques, soy quien fui y deje de ser quien para ti era. La función acabo, pero no hay aplausos, solo butacas vacías y un viejo, que fue niño, para luego ser viejo. Cansado, solo deseo que desaparezca todo, pero me es imposible apartar la vista de ti, y si mi piel sintiera, notaría la salada y húmeda calidez de estás lágrimas que caen.

   la lluvia te despierta, la ventana está abierta y frente a tu cama hay unos cuantos copos de nieve. Unos salados copos de nieve que rozas antes de que se deshagan. Frío, solo frío, en la fría penumbra de la noche. Y mientras voy marchando pero sin dejar de mirar atrás.