domingo, 22 de febrero de 2015


  

Entre sombras me muevo, para esquivar vuestra seseante arrogancia. Hubo años en los que la ira habitaba en mi, pero tras abrir la puerta del desprecio se quedó un cuarto vacío donde solo quedaba como decorado retales de tristeza.

   Mis harapos cuentan historias que no queréis oir, ya lo se, ya lo se, mi voz, es mi única posesión, y desnudarla es un obsceno gesto para tan elegantes e ilustres gentes. Vuestra belleza, vuestros perfumes, vuestros maquillajes, ropas caras, posesiones, todo eso os hace tan diferentes a mi, que es normal que tenga que apartarme para no apestaros con el hedor de mis pensamientos.

   Habláis de tolerancia y en cuanto suplico un gesto de cariño, solo recibo escupitajos y malas miradas, bah, solo soy un mendigo, que podría merecer yo, si no vuestra repulsa. Ni mis lágrimas limpian la roña que hay en mi alma, pues es tan profunda que se halla la raíz putrefacta en el centro de mi pecho. Bailaba el odio antaño, pero ahora, solo hay un hueco que dejo la podredumbre. Escupidme, pues hasta esas pequeñas antenciones anhelo.

   Duele, duele, duele, duele, duele, duele, duele, esos ecos golpean mi cabeza, pero es mi sino, es lo que me ha tocado y a resignarse nadie mas que el tiempo te enseña. Soy diferente, lo se, lo sabía desde siempre, y es lo que me ha tocado. No puedes mezclar el agua con aceite.

   Todo sería oscuro, triste, deprimente, pero, a veces veo a lo lejos una mirada, una niña, que me mira sin rechazo, que se acerca sin miedo, que sonríe sin ironía, con pureza, dedicandome una mirada de bondad que hasta en el hueco de mi pecho retumba la esperanza, y las lágrimas comienzan a limpiar el rastro de mis pesadillas, aunque, solamente, sea un segundo, aunque solamente sea un efimero instante al que me abrazo como un naufrago lo haría al único trozo de madera de un oscuro y bravo oceano. Ella no me juzga, no me encasilla, no quiere nada de mi, solo me contempla y espera que me libere de todas mis ataduras, de todos mis pesares, que me eleve. De repente se acerca a mi, me toca, desaparece, y solamente me quedan unas lineas pintadas en una pared. "Por ti yo puedo llorar, por ti yo puedo reir, por ti yo puedo dejar todo atrás, tu camino seguir, por que el cielo mi amor con los dedos voy a tocar."




miércoles, 4 de febrero de 2015



   Una oración es acompañada del silbido del viento, movida por el caotico impulso de las emociones. Derrota de cada atisbo de razón que se puede encontrar encerrada en su cabeza. Son muchos días ya sin el timbre de su voz, son muchos días sin la alegría de su compañía.

   Dicen que entre las sabanas del silencio se encuentran las cosas mas importantes que hay que decir. Dicen que en la mojada mirada al vacío se narran historias tan maravillosas que contarlas sería un sacrilegio imperdonable. En sus sabanas y en su opaca mirada navegaban unas y otras, pero solo una oración resonaba en la quietud de la noche.

   Cuando dos seres se dan lo que nunca a nadie han dado queda una herida, una hermosa herida que jamás termina de cicatrizar, que se abre con recuerdos, que escuece en esas noches donde no hay suficiente calor para calmar el frio que deja la ausencia de su cuerpo. Y solo queda preguntarse si la otra persona sentirá lo mismo,  como si ese fuera el calmante necesario para un dolor tan agudo, tan intenso, que tiene olor de tristeza y textura de beso.

   Y mientras sigue la oración, acompañada del frio del invierno, ayudando a descansar a esas almas, que con cada promesa rota pierden un sueño, y con cada recuerdo amado siembran un anhelo.