Soy capaz de devolver palabras a un silencio viejo y efímero que corta con su frío manto cualquier atisbo de esperanza. Soy quien puede tejer las iniciales de un latido entre el cálido hálito de la soledad. Nobleza onírica hecha del recuerdo de mi estirpe.
Soy quien despierta a la Luna mordiéndola, arañando su espalda para que se arrastre hasta vuestros sueños, para que moje vuestras sabanas y mendigue vuestros lujuriosos besos.
Danza obscena y pausada que atrapa miradas haciendo al tiempo sumiso, vasallo, esclavo, bufón infinito. La adormidera se posa en mis parpados para sembrar la nueva visión. Acaba conmigo, elévame hacia el altar de tus deseos, déjame ser quien cargue con tus lamentos.
Y busco una mirada, solo una que despierte de vuestro sueño, que os haga postrar ante tan grandioso reino, pues mi deber es atenderos, serenar vuestro recelo, callar vuestros miedos. Arrodillaos ante lo imposible hecho verbo.
Soy Marques de mil anhelos, Duque de un millón de quimeras, Señor de cientos de deseos y vagabundo en un irreal imperio. En la voz guardo mi hierro, en la palabra el blasón que me guarda, en el silencio se esconde la audacia y en mi mirada esta mi ejercito.
Un mundo sin arte sería un infierno.