El principio del año es complejo, se reflexiona sobre todo lo acontecido y se afrontan nuevos retos. La verdad. Tengo un año por delante difícil y a la vez muy emocionante, cosa que me hace sonreír.
Hace unos días estuve en el lugar donde empezó todo. Donde una canción fue grabada en lo mas profundo que llevo dentro. Hay cosas que creemos haber olvidado pero que no se van, que quedan agazapadas en un rinconcito esperando a ser visitadas de nuevo.
Aún soy un niño, por mucho que intenten disimularlo las canas de mi barba, aún soy un niño. Y aquel recuerdo lo demostraba, y me hablaba al oído contándome que lejos, tiempo atrás, un niño subido a un tejado soñaba con volar, con dejar esas cadenas que le amarraban al suelo, que lo anclaban a un desesperado mañana.
Ese recuerdo se sentó frente a mí, en la oscuridad, apenas una silueta de pelo corto despeinado, con voz calmada y culpable me relataba cosas y yo asentía entre alguna tímida sonrisa. Gracias a ese recuerdo volví a comprender, pues las personas olvidamos comprender y tienen que venir los recuerdos para que lo hagamos de nuevo.
Entendí que tengo que dar gracias por gente que me rodea, dándole sentido a mis pasos, que hay mucho por hacer, que mirar atrás para regocijo de malos momentos no es buen ejercicio, que la humildad es el principio de una conversación, que debo respetar que los demás se equivoquen. Mi peor defecto es despreciar al que no sueña, quizás sea lo más difícil de cambiar en mi carácter.
Aprender de nuevo, aquella silueta en la oscuridad, me hizo aprender de nuevo, y me perdonó. Ahora doy gracias por todo eso, que otros no ven, que poseo. Amigos, familia, gente que me aprecia y me respeta, grandes compañeros que he tenido y que tengo, tanto en la música como en alguno de los trabajos que he realizado en mi vida, no son solo nombres, son recuerdos, sonrisas, todo eso que aquel recuerdo me volvió a destapar.
Aquella figura despeinada que tenía frente a mi en la oscuridad me enseñó que yo no sería quien soy si no fuera por esas personas. Que las palabras son solo sonidos si no hay oídos que las escuchen. Que las lágrimas solo son un acto más si no hay nadie para ayudar a acabar con ellas. Que una canción solo es ruido si no hay alguien para cantarla contigo. Y aquella figura despeinada sobre el tejado en aquel lugar hace mucho tiempo, pidió un deseo a la Luna y la Luna con una leve brisa, le contestó.
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