Pasear día tras días entre la tormenta y la calma es un castigo que yo no elegí, nació hace tanto tiempo que no sabría decir cuando. Caminar y caminar sin tener claro que haya un fin después de tantos kilómetros, pero siempre deseo otro paso más, otro metro más. Un sueño es un lugar demasiado solitario.
¿Cómo matar lo que te hace sentir vivo y no morir en el intento? ¿Cómo tapar el manantial que hace que todo fluya? No se puede cambiar el color del mundo con el que miran mis ojos. Me arrastro noche tras noche suplicando una nueva emoción y al amanecer golpea una nueva canción en mi cabeza.
No hay nadie, no hay nada, solo un baile apasionado que nunca acaba. Risas, sí, y lágrimas, pues los locos también lloran y nadan en un mar oscuro que a veces se los traga. Los espejos hablan y señalan, son ellos contra ti, que no eres nada. sólo un niño en un lugar desolado llamado sueño.
Y otro paso y otro metro, y aprendes y te adaptas, te habitúas a tu extraño universo y a tu fiel compañera callada, ella siempre está y si lo olvidas, su silencio te lo recuerda. Un corazón bombea sangre, el mío cantinelas, melodías y algunas palabras. Dile a un pájaro que volar es imposible mientras lo tienes encerrado en una jaula.
Entre polvo y silencio bailan algunas de nuestras esperanzas
Entre versos y recuerdos danzan las palabras
Yo soy el maestro de marionetas, que amarra con un sollozo cada secreto
Y hace que salte y juegue bañado por la luz de una estrella, estrella olvidada
Quiero desangrarme en palabras y ser por fin un ser completo
Quiero descomponer el sentido del tiempo y así ser el telón de tus sueños
Yo vivo y muero, siento y padezco el perfume de un deseo
El tacto perpetuo que en mí encuentra éste anhelo
Un mar bragado que arrastra mis sentimientos
El llanto lejano de una guitarra que nace de sensibles dedos
Y es por ti que si de una nota nazco, en un aplauso muero