martes, 9 de septiembre de 2014


   Pasear día tras días entre la tormenta y la calma es un castigo que yo no elegí, nació hace tanto tiempo que no sabría decir cuando. Caminar y caminar sin tener claro que haya un fin después de tantos kilómetros, pero siempre deseo otro paso más, otro metro más. Un sueño es un lugar demasiado solitario.

   ¿Cómo matar lo que te hace sentir vivo y no morir en el intento? ¿Cómo tapar el manantial que hace que todo fluya? No se puede cambiar el color del mundo con el que miran mis ojos. Me arrastro noche tras noche suplicando una nueva emoción y al amanecer golpea una nueva canción en mi cabeza.

   No hay nadie, no hay nada, solo un baile apasionado que nunca acaba. Risas, sí, y lágrimas, pues los locos también lloran y nadan en un mar oscuro que a veces se los traga. Los espejos hablan y señalan, son ellos contra ti, que no eres nada. sólo un niño en un lugar desolado llamado sueño.

   Y otro paso y otro metro, y aprendes y te adaptas, te habitúas a tu extraño universo y a tu fiel compañera callada, ella siempre está y si lo olvidas, su silencio te lo recuerda. Un corazón bombea sangre, el mío cantinelas, melodías y algunas palabras. Dile a un pájaro que volar es imposible mientras lo tienes encerrado en una jaula.



Entre polvo y silencio bailan algunas de nuestras esperanzas
Entre versos y recuerdos danzan las palabras
Yo soy el maestro de marionetas, que amarra con un sollozo cada secreto
Y hace que salte y juegue bañado por la luz de una estrella, estrella olvidada

Quiero desangrarme en palabras y ser por fin un ser completo
Quiero descomponer el sentido del tiempo y así ser el telón de tus sueños
Yo vivo y muero, siento y padezco el perfume de un deseo
El tacto perpetuo que en mí encuentra éste anhelo
Un mar bragado que arrastra mis sentimientos
El llanto lejano de una guitarra que nace de sensibles dedos
Y es por ti que si de una nota nazco, en un aplauso muero

 

martes, 2 de septiembre de 2014



   Se detiene la función, el mundo real y el reloj hacen un trato. Apenas hay distancia entre nosotros, desciende mi mirada desde el más hermoso cielo hasta el más cálido y ansiado infierno. La respiración comienza a hacerse eco en mis oídos, la paciencia y la cordura hace rato que huyeron de mi cabeza. Sé muy bien que está mal, sé muy bien que no es el momento, pero también sé que mi mente carece de voluntad.

   Me acerco sin ser consciente de mis pasos, centrado única y exclusivamente en el brillo de tus labios. Un animal ansioso por fundirse con la luz que refleja tu boca que se torna en sonrisa al ver la obediencia de mi ser ante el deseo. Mis ojos dicen no hay reglas, no hay limites, solos tu y yo.

   Se rompe el tejido que separa al rubor de la pasión, un mordisco acompañado de un gemido, el dolor se pasea dulcemente por el cuello mientras las manos descienden a ciegas buscando mas calor, mas suavidad, mojada delicadeza. No hay nombres, no hay pasado, ni futuro, el tiempo se queda observando como un voyeur al que no han invitado a participar. Se turba el equilibrio de dos cuerpos hasta caer entrelazados, unidos por el vaivén de las caricias, por el choque de besos, por el palpitar de la sangre. Besar y chupar, lamer y mirar, interrumpido solo por el sucio susurro del paraíso, por la lujuriosa voz del deseo justo antes de entrar. Golpea y agita, manantial que fluye entre la dura presencia del delirio, dos animales jadeando arañando la concepción del erotismo. Sube la marea arrebatando cualquier atisbo de egoísmo, solo dos cuerpos bañados por un obsceno anhelo.

   Quema la respiración, arde mi piel, golpea el animal, más fuerte, más duro, sincronizando el tic tac. Ata cada palabra a mi memoria, sabes que me endurece más, más, más...

   Precioso pecado bañado en tu mar, resbalan los besos con sabor a sal, anclado en tu espuma quiero naufragar.