lunes, 27 de noviembre de 2017


   Miles de focos se balancean a mi alrededor apartando las sombras de mi rostro, de mi decadencia, de mi humanidad. Las sombras van y vienen, burlonas, altivas, me desafían, me atrapan para luego volver a soltarme en un acto cruel donde la esperanza va y viene golpeando cada vez más fuerte. Un juego vertiginoso que me hace caer de rodillas.

   Olvidé quien soy para buscarme a mi mismo, esclavo circunstancial de este presente inmisericorde que nos enjuicia en cada acto de nuestra vomitiva naturaleza para luego mostrarnos con una aberrante sonrisa el mismo acto pero con el beneplácito del populacho. Soy una sombra, no quiero la luz de estos focos, pero la necesito para apartar mis sombras, alma en pena vagando para desnudar sus pecados ante la mirada impávida del jurado. Aquí me tenéis, arrodillado, derrotado, inútil, soy vuestro.

   Muestro mis manos, atadas, presas de los grilletes de la crítica. Soy lo que soy, estos grilletes no pueden hacer nada contra mis escasas virtudes. La naturaleza del animal se puede atrapar pero no extirpar, tendría que morir el sujeto en concreto y aún así más de su especie volverían a amenazar con su naturaleza a la gente de bien.

   Miles de luces apuntan a mi cara como miles de armas cargadas, con miles de pares de ojos observando la presa desde una posición de superioridad. La decadencia del artista hecha alimento para aquellos que ansían la destrucción de la emoción. No hay aprobación para lo diferente, soy un error en un mundo perfectamente ordenado para la supervivencia del virus.

   Almas en pena apiladas en pequeñas cajas que sirven para preservar al ser, para alargar su servidumbre. Alimentan a la reina y cuando no lo hacen dejan de ser útiles para el enjambre. Cuando un insecto como yo dejó de alimentar a nuestra madre para pasar a encontrar un sentido mejor a la existencia, fue fácil de encontrar por los centinelas del Ego.

   No está permitido cualquier gesto emocional en este mundo. Es síntoma de debilidad ante la parte más oscura de nuestro ser. Los dioses no perdonan a quien crea algo diferente a lo establecido, pues es un acto de herejía por no decir que la rebeldía es el más claro síntoma de narcisismo y egoísmo.

   La colmena no necesita de músicos, la voz es solo una y ya está elegida. La colmena no necesita de escritores, la imaginación es un acto indecente. Cruzar la linea ante la gente para seguir un camino improvisado puede hacerte peligroso para el enjambre e incluso para ti mismo. Ya han decidido lo que serás el resto de tu vida, acéptalo y acomódate.

   Pero no supe hacer eso, y ahora ante las luces, soy juzgado. Un cable suelto, un tornillo mal apretado, un cristal mal fijado. Soy culpable de ser quien soy, y ese es mi pecado. Soy culpable de querer vivir de una forma diferente y esa es mi patología. Soy culpable de amar más allá de lo real, y esa es mi locura.