Esta maldición me abraza, me devora sin ninguna piedad. Cada noche empieza de nuevo, absorviendo cada particula de cordura que en esos momentos puede haber dentro de mi cabeza. Aletargandome y llevandome a otro lugar, a otro mundo, donde mi única labor es mi única virtud.
Todos me miran con envidia, todos quieren ser yo, y yo solo clavo cada palmo de mi condena un poco más adentro, un poco más profundo. Comienza, la primera, resuena, es mi primera sonrisa, que brinca buscando un campo verde donde tumbarse y jugar sin miedo a ningún mañana de perdida y traición. La segunda desciende a mi primer deseo, el más oculto, el más primitivo, anhelando solo el ardiente suspiro de la vida, la sabia que se adhiere a nosotros para hacernos sentir parte del universo de la manera mas animal. La tercera golpea alzandose en hombre, libre, altivo, orgulloso, que contempla al mundo con intención de rodearlo con sus manos y moldearlo para hacer de el algo hermoso, algo rico, lleno de vida, lleno de sueños, de risas, ausente de guerras, ausente de miserias, ausente de muerte. La cuarta retumba tintineando como la risa estridente de un payaso, que se burla del hombre, que se mea en lo sueños y que se viste de fracaso. Un silencio, un respiro para que se acomoden en este viaje, en un delirio ininteligible digno de la mente de un perturbado. Quinta comienzas la cuesta abajo, los temores son ciertos, muchos frutos recogemos de los miedos sembrados, ¡Bailemos, gritemos, estamos salvados! ¡NO EXISTE INFIERNO PUES SIEMPRE ESTUVIMOS CONDENADOS! bebamos, follemos, mi nombre es pecado. Sexta, dulce, pausada, suave en matiz, seductora en su marcha, lujuria tatuada a ritmo de gemidos entre manos atadas, cadente sed en mi boca apagada, salpica el rocío de una madrugada, de blanco pecado sobre la píel desarmada. Séptima, culpa, amarga, fría, vacía, vienes acompañada de la soledad, de hojas marchitas, de noches de invierno, de lágrimas de "madrugá". Todas se mezclan y se transforman en una nueva, todas soy yo y yo soy todas. Madera, silencio y cuerdas, pedales, clavijas y teclas. En esta Torre, donde solo tengo la compañía de ella, un piano y una Luna Llena.