PROVOCACIÓN
Detestable desdén con el que se encogen las palabras, el eco de la nada, el vacío más absoluto en la mirada, el desarrollo más lento posible. Ese palpitar propio de antes de una explosión, esa calma absoluta con la que el desastre se hace anunciar. La rabia aflorando como una enredadera que atrapa hasta el más dulce de los corazones, los pulmones hinchándose más y más con cada bocanada, las sombras contemplan encogidas, atentas, sabiéndose testigo de la maravillosa obra, la ira.
El público espera el desenlace, el ser, sólo respira, contempla a su alrededor con unos ojos donde el fuego navega sobre una helada mirada. Una guerra parece estar teniendo lugar dentro de él, pero, de repente todo parece acabar con un suspiro, con una fugaz mirada hacia el vacío, el desconcierto tiene lugar.
Se gira, y comienza a caminar despacio, hacia un rincón, donde nadie lo ve, entre la más absoluta oscuridad, donde sonríe, donde mira hacia arriba y murmura algo, ya nadie le mira, sabe que la guerra ha terminado, nadie ha perdido, nadie ha ganado.
Las hojas caen sobre su pelo, el invierno parece querer mecer su pelo con una brisa helada, esa brisa que le transporta a tiempos mejores, donde sus raíces crecía fuertes, el reloj ya no suena, solo el salvaje y libre danzar de la libertad.
Atrápalo, no lo sueltes, no eres nada, ese es tu don, puedes apartarte de todo y cantar, solo cantar, gritar, alzar la voz hasta un cielo ignorante de tu existencia, deja que escape de tu garganta, deja que salga, que queme tu pecho, que el dolor sea tu cómplice, tu aliado, tu maestro y tu juez.
No necesitas ser entendido, no es vital ser oído, no es tu fin, no es tu meta. Absorbe con pequeñas bocanadas todo aquello que antes no podías asimilar, no serás el fin del incendio, solo serás un arbol más en el detestable fuego de la humanidad, en el aberrante y pestilente decaer de ese mundo del que tu nunca has sido parte.
Deja de sentir, deja de entender, solo conviértete en ceniza, deja que el inevitable juego suceda, contémplalos y nunca olvides. No olvides como escuece, recuérdalo siempre, levántate ve hacia ellos y sonríe con una reverencia. Estás a su servicio, no hay provocación, no hay reacción, el letargo da paso a una nueva forma de vida, a un nuevo ser que mira de frente con una mueca en la cara, con paz latente, con la helada brisa susurrando suavemente sobre los oídos, una voz grave que todos escuchan, una palabra que se puede entender con claridad, la provocación ha dado paso al hijo de la incertidumbre, señoras y señores, les presento a un nuevo compañero de viaje, les presento al Miedo.