Ese oscuro agujero en nuestro pecho que pretende ser el centro de nuestro ser en las noches de silencio, de incertidumbre, de miedo. Ese barranco donde nos precipitamos sin remedio, un lugar donde duermen nuestros sollozos después del llanto, después de la decepción.
Soy un muñeco olvidado en una repisa, un viejo y andrajoso juguete. No necesito cariño, solo la opaca mirada del resto de la estantería. He aprendido a vivir con este agujero, he admitido que la vida en tu habitación es así. Niño mimado, ya no quiero jugar, solo necesito que sacudas el polvo de mi mirada en vez en cuando. Soy un recuerdo en el fondo de un recuerdo. Un eco lejano entre la intermitente y lenta caída entre tu olvido. Pero, de vez en cuando entra un rayo de sol por la ventana, un destello que me ilumina y tu me miras. Y ese hueco se llena, y surge en mi otra vez el más doloroso de los sentimientos, a veces podríamos pensar que no, pero sí, es la más cruel y dolora de las emociones, mana esperanza.
Esperanza a ser querido, aceptado, depositado de nuevo sobre tu regazo. Abrazado, niño mimado, si solo tuvieras una mínima idea de cuanto echo de menos tus abrazos, al menos tendrías la piedad de brindarme uno en vez en cuando. No necesitaba nada más en los días de mi larga existencia que uno de tus abrazos, con eso, el mundo se podía ir a la mierda, yo era el ser más especial del universo, pero ahora solo soy un objeto que ocupa un rincón en tu vieja estantería.
Y en este momento el hueco me devora, me hunde, me hace suyo. La mirada perdida en el ayer, en ese ayer donde mis días eran completos, llenos, plenos. Navego en mi mente, dispuesto a romper las reglas, la marea juguetea conmigo antes de volcarme y hacerme naufragar en la más absoluta realidad. Y la esperanza brota ofreciéndome ser un pirata, ser un nuevo yo, un ser diferente, sin huecos en el pecho, sin miedos, sin demonios de Te lo Advertí. Sin canas de viejo ocultando sonrisa de niño. Un nuevo juguete más espectacular, con más brillo, pero, al final solo soy, ese harapo viejo que al hombre lo distrae durante unos cuantos segundos entre los más lejanos recuerdos de aquel niño mimado.
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