martes, 9 de enero de 2018



   Escucha mi voz, es profunda la esencia que se desprende de cada palabra que hoy te diré. Mi tono ha cambiado, mi mirada se torna opaca. La presa ha desnudado su mezquindad para que la contemples y te excites con su dura, caliente y mojada maldad.

   Ante ti tienes a quien te engañará con la oscura y rítmica sinfonía de su vocablo, parpadeante emoción, hipnotizante decadencia. Te tendré en mis manos y con un solo gesto te arrojaré al pozo más hondo que puedas imaginar.

   ¿Aún conociendo esto quieres continuar con nuestra charla? ¿Arriesgarte a ser mi nuevo trofeo? ¿Qué pretendes conseguir de mi? ¿Crees que soy un reto? ¿Crees que esto es un juego?

   El frio es solo un aviso, el silencio la certeza haciéndose realidad, posándose en tu cabeza, como una mascara de hierro, como una tortura inventada única y exclusivamente para ti. El desprecio es ese rincón donde poder tomar aire antes de un nuevo golpe de mis labios, arrancando hasta la última bocanada de dignidad que quede en tu insignificante alma.

   Ahora, ante mí, solo una piltrafa arrastrándose, mendingando un poco más de desprecio que le haga tomar tiempo antes de la próxima oleada. ¿Después de todo esto me amas? ¿Incluso así eres capaz de mirarme con una pizca de amor, un brillo que se refleja en el destello de tus lágrimas? Nunca te entenderé, nunca. Ni con tu amor podrá saciarse el ansia demente de un corazón tan ennegrecido.

   Tu reto, tu amor,  solo es un traidor, que devuelve tu cariño con paladas de repulsión. Quieres cambiar lo que habita en mí, pero no eres capaz ni tan siquiera de entender que es eso lo que te atrae. Tu luz quiere ser ahogada en mi oscuridad, quieres que mi orgullo entre una y otra vez en ti, despojándote de inocencia a cada embestida, arrancando gemidos de derrota en cada acometida. Y la lucha sigue estando en el momento más ardiente, tu amor contra mi odio. Tu bondad contra mi obscenidad.