miércoles, 4 de febrero de 2015



   Una oración es acompañada del silbido del viento, movida por el caotico impulso de las emociones. Derrota de cada atisbo de razón que se puede encontrar encerrada en su cabeza. Son muchos días ya sin el timbre de su voz, son muchos días sin la alegría de su compañía.

   Dicen que entre las sabanas del silencio se encuentran las cosas mas importantes que hay que decir. Dicen que en la mojada mirada al vacío se narran historias tan maravillosas que contarlas sería un sacrilegio imperdonable. En sus sabanas y en su opaca mirada navegaban unas y otras, pero solo una oración resonaba en la quietud de la noche.

   Cuando dos seres se dan lo que nunca a nadie han dado queda una herida, una hermosa herida que jamás termina de cicatrizar, que se abre con recuerdos, que escuece en esas noches donde no hay suficiente calor para calmar el frio que deja la ausencia de su cuerpo. Y solo queda preguntarse si la otra persona sentirá lo mismo,  como si ese fuera el calmante necesario para un dolor tan agudo, tan intenso, que tiene olor de tristeza y textura de beso.

   Y mientras sigue la oración, acompañada del frio del invierno, ayudando a descansar a esas almas, que con cada promesa rota pierden un sueño, y con cada recuerdo amado siembran un anhelo.


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