domingo, 4 de febrero de 2018



   Se desvanece la luz, la noche es ahora la que rodea tus pensamientos. Yo solo contemplo desde la distancia. Frío, todo es frío, no hay más latido que el tuyo, el mio lo desconectaste como si de un juguete viejo se tratase, incapaz de emitir más que una luz parpadeante y medio apagada y un ruido desagradable, grave y distorsionado.

   Me llamas, pero yo no puedo oír tu voz, solo veo el movimiento relentizado de tus labios, esos labios que antes habían dado sentido a mi boca, habían reconectado mi vida a la humanidad. Años importantes se nos marcharon, ya no soy canción, ni niño, solo una sombra que deambula alrededor de tu cama,sin poder rozarte, sin poder contarte mis alegrías al oído, pues alegrías ya no tengo y mi voz deambula en la eternidad como un miserable eco agonizante.

   Mi prisión no es esta oscuridad, es no poder sostener la llama que a ti te de un poco de luz en tan vacía noche. Vagué muchos años entre bosques y lunas, me adormecí en tu ventana hasta que me despertó el amanecer. Alpha y Omega tocándose en un gesto de desafío a los dioses. Tu contemplaste lo que nadie veía y yo solo me arrodillaba ante la evidencia. Un alma y una mirada engarzados en el mismo instante, con una misma voz, con piel como jaula, con orgullo como bandera y a mi como protector.

   Hiciste de la leyenda realidad, volvieron los latidos, el calor, el dolor, la música, el amor, la locura, el valor. La bocanada de aire entraba en mi pecho golpeando la inmortalidad para luego marcharse y dejar otra vez el vació más absoluto, el cosmos adentrándose por cada poro de mi piel. Y tu mirando al juguete, sin comprender nada, solo viste un pequeño destello en una mirada muerta, el parpadeo de la vida reflejada por ti, la eternidad rozando sin querer la melena de una niña pequeña caprichosa y despreocupada, una niña pequeña, la esperanza, la bondad, pero también, la temeridad

   Ahora todo desapareció. Si dejas de creer en una leyenda, la leyenda se desvanece. Ya he muerto, he vuelto a lunas y bosques, soy quien fui y deje de ser quien para ti era. La función acabo, pero no hay aplausos, solo butacas vacías y un viejo, que fue niño, para luego ser viejo. Cansado, solo deseo que desaparezca todo, pero me es imposible apartar la vista de ti, y si mi piel sintiera, notaría la salada y húmeda calidez de estás lágrimas que caen.

   la lluvia te despierta, la ventana está abierta y frente a tu cama hay unos cuantos copos de nieve. Unos salados copos de nieve que rozas antes de que se deshagan. Frío, solo frío, en la fría penumbra de la noche. Y mientras voy marchando pero sin dejar de mirar atrás.

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