jueves, 14 de agosto de 2014



   He bebido todo el odio que rezuma la noche. Susurros que se dibujan entre los secretos que encierran las sombras que duermen abrazadas a mí. He mirado a los ojos de esta oscuridad y he contemplado la calma que rodea la ira.

   Me ha consumido el calor que mana de los corazones, ardiendo entre la pasional prisión de nuestros anhelos, mis raíces han ahondado mas entre éstas ruinas, y han encontrado algo peor que el odio, algo mucho más potente. Mientras levanta la cabeza una quimera capitaneada por unas brillantes lágrimas, la luna a hurtadillas entra furtivamente para recordar su fantasmagórica presencia, y es testigo del nacimiento.

   Un pensamiento fugaz hace su aparición, haciendo que el presente se complemente con esa realidad que durante una época existió en mi cabeza. Se forma un nuevo continente para rodear mis raíces, y mi cuerpo parece entender que el descanso ha acabado. Se yergue el ahora, ni el futuro, ni el pasado.

   El protagonista hace su presencia, el miedo paraliza a todo aquél que conoce su nombre, pero aún más a todo al que ha conocido alguna vez su sabor. El va y viene, me hace a mí estar desnudo y sudoroso, consumiéndome entre placer y dolor. Solo soy un juguete para él, a veces me sonríe, otras me insulta, pero siempre lo necesito. Él ha hecho que yo me postre ante ti, me arrastre, mendigue un beso, y al mismo tiempo, me hinche en esplendor hasta someter tu cuerpo. Si soy hombre es por él, si sigo vivo quizás también, dulce ambrosía y fatal veneno, esperanza y tormento. Tiene miles de nombres, pero siempre viaja entre recuerdos.

   Fiero animal, dulce secreto, el odio te teme, te respeta el silencio, te visten de esperanza y la lujuria es tu verso. Sonrisa la bandera para un nuevo pasajero, desnuda el alma, desnudo el cuerpo, sudor y lágrimas, y muchos recuerdos. Y una canción...



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