De cenizas mi rostro se cubre, el miedo puede ser un hedor demasiado profundo y difícil de quitar. Gris acento que rodea todo lo que mis ojos contemplan, debo estar en ese justo instante en el que el verano y el otoño se encuentran cara a cara, un instante que en este lugar es eterno. No se bien como he llegado aquí, ni cual es mi fin, solo se que en mi garganta aguarda un sollozo desde el primer momento que cruce la puerta a este desierto en blanco y negro.
Reconozco que estos hilos tienen sus ventajas, al menos no tienes que preocuparte de tomar decisiones. Mis ojos perdidos entre el negro maquillaje contemplan mis extremidades con una tranquilidad que aún me sorprende más que mi llegada a este lugar.
Una voz en mi mente te nombra, disimulo para que Cordura no me abandone y me deje solo con su hermana Demencia, en el infierno es fácil quedarse a solas con tan incomoda acompañante. Te sigue nombrando y yo solo contemplo la cenizas de mis pies. Todavía no se como pude sobrevivirte, todavía no lo se.
Hay muchas otras sombras que se arrastran a mi lado, también son guiados por sus hilos, algunos murmullan, otros solo lloran. Tu nombre sigue resonando en mi cabeza, si pudiera golpearla lo haría, no necesito que nadie me recuerde que tu te fuiste y yo no. Algo húmedo resbala por mis mejillas ahora, casi tengo la misma sensación de opacidad que cuando estaba vivo. Otra sombra llorando que arrastra sus pies sobre la ceniza después de todo, al final en este infierno todos somos eso, marionetas.
Fascinante!! tu forma de sentir, elegancia tienes al describirlo así, múltiples sensaciones y sentimientos trámites al leerte, ;)
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