miércoles, 29 de marzo de 2017

   Se muestra desfigurada ante el mundo, con un ala rota, manchada por el barro, con las plumas marcadas por la violenta caída. Sí, has caído. ¿Cómo es posible? Tu que te creías poseedora del control de los cielos, desafiante a la reina Gravedad, ahora luchas por levantarte tambaleándote después de tan aparatoso aterrizaje.

   Antes hermosa, majestuosa, ahora, una hiriente imagen, antes altiva, ahora desnuda decadencia. El cielo dejo de mecerla entre sus brazos para empujarla contra el duro verde manto, a ella, la que bailaba en los cielos, la princesa que montaba al viento.

   Avergonzada caminaba tambaleándose, intentando pasar desapercibida ante el resto del mundo, cabeza baja, arrastrando el ala, medio desnuda, mustia, sucia, sufriendo su mayor vergüenza, tener que caminar ante el resto del reino.

   Notó como todos los ojos se posaban ante ella, no quería levantar la mirada del suelo, escuchaba los ecos de la humillación. Todos cuchicheaban y la señalaban con la mirada. ¿Cómo es posible? Tu que danzabas sobre el viento por encima de nuestras cabezas. ¿Qué te ha pasado Dama de los cielos?

   Tuvo que detenerse por el sofoco provocado parte por el cansancio, parte por la vergüenza, parte por el dolor de sus heridas. Se agazapo a recuperarse, el resuello, la ansiedad, y la dignidad perdida eran ahora sus principales pensamientos. El mundo continuó su incesante actividad, todo volvió a su flujo natural, menos ella, que ya no podía volar.

   El desasosiego comenzó a abrazarla, no había esperanza en su vida sin poder volar, ella había nacido para eso, pero sin sus dos alas no podría volver a los cielos. Comenzó a llorar bajo la sombra de un frondoso árbol, nadie se fijaba ya en ella, nadie se acercó a consolar al orgullo y la soberbia, a la altanería y la arrogancia. Nadie quería acercarse al juguete roto, al color parduzco, a ese ángel caído.

   De repente una voz cálida hizo que levantara la mirada desde el regazo hasta unos cálidos ojos marrones.

lunes, 13 de marzo de 2017

Se pierden los amuletos, los amparos y los secretos
Deambulan pidiendo perdón a señor Destino
Recitando una tonadilla que adopta al invierno
Silencio y frío, verso y trino

Desgarra la garganta al jilgero
que ya no canta, que apaga su regodeo
asustando toda mirada de lo cándido, de lo bueno
El brillo de quien manda, tu señor, poderoso guerrero

David contra Goliat, piedra en mano contra el poderoso filisteo
Ni tiembla, ni se amilana,
ni llora, ni tiene miedo
¡No, entre la greda del fracaso no agarra la raíz al desasosiego!

Mi nombre no es Cerbero
Pero soy guardián, fiel y fiero
de la puerta de mi voluntad
de la fortaleza de mi deseo

David contra Goliat, harapo contra poderoso guerrero
Ingenio y alma, contra maquinaria y reino
Hijo pródigo, contra padre severo
Esperanza y alegría resistiendo al sombrío mandamiento

Y sembradas las angustias de las derrotas
donde antes moraban soñadoras fantasías
ahora se tejen paños de palabras rotas
de lágrimas ya baldías

Déjame tan solo entonar mi canto, mi verso
la estrofa que cuenta mi vida,
del que vende palabras, por sonrisas, su precio
del que pinta alas para que vuele el tiempo.

jueves, 9 de febrero de 2017




-Aquí estamos, compartiendo un par de cervezas y un cigarro. ¿Que pasa que en el más allá no hay mierdas de éstas?

-No me toques los huevos con preguntas del otro barrio, no no hay mierdas de estás. No hay lo que hay aquí, hay otras cosas.

-¡Joder eres mi yo muerto, te apareces en el salón de casa que casi me da algo y no puedo preguntarte! ¡Hasta después de muerto soy un gilipollas!

-Ja ja ja, por que iba a cambiar eso con la muerte, gilipollas en vida, gilipollas muerto, con peor olor y más paliducho, pero gilipollas al fin y al cabo.

-¿Por que tienes el mismo aspecto que yo ahora? ¿Acaso muero pronto?

-No, los palmolibe podemos elegir el aspecto con el que nos presentarnos a vosotros, pringados. Es menos traumático para ti  verme igual que estás tu ahora, si me presento mas viejo quizás no me reconozcas y paso de enseñarte lo degradante que es la vejez.

-Palmolibe, encima con guasa.

-Traeme otra birra anda, olvidaba lo buena que estaba una rubia fresquita.

-Joder, y encima me gorroneas.¿Bueno que eres, un angel, un espectro, un demonio, un puto rockstar que se me aparece para que le escriba una canción a la muerte?

-Calla y escucha, siempre has hablado demasiado. Tienes claro como quieres vivir, y eso me permite aparecerme ante ti, charlar, gorronearte e incluso gastarte alguna broma. No voy a alterar ningún orden, estas lo suficientemente chiflado para no adelantar la última canción, además nadie iba a creerte.

-En eso tienes razón.

-No importa lo que viene después, solo este cigarro y esta cerveza. Este tiempo, el ahora, las 22.31 del 9 de febrero de 2017. Esta canción de Savatage, este tono de voz, la ropa que llevamos puesta, la temperatura actual, todo esto, el ahora es lo realmente importante, se que eres consciente de eso, pero en vez en cuando el jefe quiere que os lo recordemos, y como por ti velan muchas personas es preferible no enfadarlas y hacerlo de una manera más original.

-Vaya que profundo.

-Gilipollas vivo, gilipollas muerto.

-Gracias mi yo palmolibe.

-Escucha, has tenido la muerte muy presente en los últimos tiempos, es justo que ella se acuerde de ti de una manera más amistosa.

-Menuda amiga tengo.

-¿Desde cuando no echas un polvo?

-¿Y a ti que coño te importa?

-¡Fuuuua como echo de menos echar un buen casquete!

-Eres el puto muerto más informal y capullo que alguien puede imaginar.

-Pues demente de los cojones, te informo que formo parte de tu imaginación.

-Esto es subrealista, pero tienes parte de razón, de mi cabeza pueden brotar las cosas mas inverosímiles.

-Por lo único que se te va a recordar es por las cosas realmente buenas que has hecho en vida, en las que te has dejado una gota de alma. Esas cosas que no tienen más interés que vomitar toda esa mierda que llevamos dentro del envoltorio que el jefe nos da cuando nacemos.

-El jefe da vacaciones por lo que veo

-El jefe tiene un extraño concepto de los derechos laborales, jajajajaj. Es un hijoputa.

-Ya, eso lo sabía antes de tu visita ¡Menuda epifanía me traes!

-Llevas media hora menospreciando a tu yo muerto, la gente que este leyendo ésto estará hasta los huevos de tu poca educación, pedazo de burro.

-La gente que este leyendo ya se hará una idea de como tengo que tener la cabeza, churrita. Ensayo sobre demencia y muerte.

-Bueno, me marcho, como presentación no ha estado mal. ¡La próxima vez pilla Alhambra, como me gustaría volver a tomarme una de esas verdes!

-El fantasma borracho, que cabrón. ¿Y ahora donde te has metido? Bah, me deja hablando solo. Al menos alguien me hizo compañía esta noche. Tiene gracia, mi propio yo muerto, tiene gracia.


lunes, 16 de enero de 2017



   Un instante entre el caos, el aleteo de un ave despierta mis sentidos mientras todo se detiene alrededor. El vértigo, antes extraño en mi cuerpo ahora se convertía en el mejor anfitrión para albergar la percepción de mi nueva situación.

   Cuando la locura se presenta con el amargo sabor a bilis y el golpeteo de la adrenalina mientras el paisaje se torna rojo sangre, no es fácil parar el tiempo. Algo sencillo para mí, en estos momentos, se hace altamente complicado. Para detener el tiempo debo centrarme en algo que esté detenido, en calma, que sea testigo mudo de todo lo que en la escena acontece.

   Me centré en una figura lejana, traje negro muy elegante, ojos verdes, pelo perfectamente cortado y peinado. Una sonrisa cálida dibujada en un rostro hermoso, bien afeitado, todo impecable tanto en su indumentaria como en su aspecto.

   Debia abstraerme mucho para hallar la melodía idónea para que el tiempo me escuchase. Esta vez no tuve más remedio que silbarla, con unos instantes me bastaba para huir de aquel lugar. No me apetecía ponerle letra a la melodía, ni el reloj corría a mí favor.

   El aleteo de aquel ave fue algo extraño. Cuando detengo el tiempo nada se mueve, todo queda paralizado en el lugar que ocupa  en el momento en que la melodía detiene las agujas. Cuando volví a mirar hacía donde antes hallaba aquel hombre, solo me encontré con el cadáver de un chico joven, aquel personaje bien vestido se había esfumado.

   No se muy bien que inició todo aquello, pero me aparte de aquel cuchillo que amenazaba mi pecho, pude silbar a tiempo, la punta del arma estaba a escasos centímetros de mí. El hombre que lo sostenía tenía los inyectados en sangre, odio, ira, todo aquello estaba muy presente en la dantesca escena que me rodeaba.

   Apenas me quedaban unos segundos antes de que todo volviera a la normalidad y el reloj siguiera con su constante tic tac. Mientras salía de aquel lugar algo detuvo mi huida.

   -Bonito truco, joven. Su voz retumbo profunda, parecía bañada por el eco de la eternidad. Era grave y transmitía paz, calma.

   Mis ojos lo contemplaron con fascinación, su elegante traje negro, sus ojos verdes, y sobre aquella figura, posada en su hombro el ave que me llamó mi atención cuando la melodía acabó. Una hermosa lechuza blanca, que me miraba con expresión de curiosidad.

   -¡Oh, vaya te he sobresaltado! Mis disculpas joven. Mi nombre es Damian. No estés sorprendido, conmigo no funcionan esas artimañas. Hace ya que el tiempo y yo no jugamos en el mismo tablero.

   Un golpe metálico de una barra de hierro inició de nuevo la escena. Varios hombres y mujeres se golpeaban, se apuñalaban, se asesinaban entre ellos. La más grave de las demencias fue la artista creadora de aquel cuadro. En pocos segundos el silencio volvió a hacerse dueño de nuestro alrededor. Solo quedaba un hombre de unos 50 años vivo, aunque no le quedaba mucho hasta que terminara de desangrarse debido a las heridas que sufría tras golpes y cortes.

   Damian sonreía mientras yo luchaba contra mi estomago por no vomitar tras ver aquel espeluznante espectáculo.

   -Joven ¿Ahora no silbas?



domingo, 1 de enero de 2017



   Salto al vacío, el aire fricciona cada poro de mi piel desnuda La terrible caída que antes paralizaba mi cuerpo ahora es un vertiginoso gesto ante un Dios dormido, acomodado, sentado en un trono de soberbia sostenido por falsos profetas.

   Pero ahora eso que más da, caigo, mi corazón bombea sangre sin descanso, parece un animal ansioso de arrancar la carne y saltar de mi cuerpo hacía su propia caída en libertad, la verdadera libertad, esa que tanto han tachado de locura, pero yo solo caigo, y caigo y él se limita a bombear sangre, que hace que mis oídos zumben, que brote la adrenalina mezclándose con ese sudor frío que coquetea con el pánico.

   Supongo que mientras desciendo mi cuerpo tiende a normalizarse, mi desnudez se mezcla con la noche, me siento abrazado por las manos de la oscuridad, masturbado por el roce de la suave brisa, que parece querer brindarme una última satisfacción antes de mi destino. Nunca me gustó mi desnudez, pero la noche la adora, la besa, la envuelve. Ya no temo, ya no tengo presente el zumbido dentro de mi cabeza, ahora solo me dejo atrapar, sonrío, siento espasmos de felicidad ante la certeza de que mi gesto es hijo de la mas absoluta emancipación, espontaneidad, soy yo.

   Ahora cruzo la línea en la que todos me contempláis, observáis mis rasgos, mi desnudez, mi demencia, desde vuestro balcón, desde vuestras ventanas. ¡Miradme estúpidos! ¡Mirad como me baño en este cielo exhibiéndome ante las estrellas, mientras vosotros encendéis luces para que os tapen de la penetrante mirada de éstas!

   Todos alertados me señalan, gritan, el pánico en el gentío hizo su maravillosa aparición, bufón de la corte en un mundo donde las emociones están cristalizadas para durar eternamente, como no queriendo consumir vida mientras vivimos. Nuestros cuerpos en conservantes, y nuestros sueños en un desván donde dicen que habita un ser maligno llamado Anormalidad, no dejéis que os toque, pues podéis convertiros en un ser abominable.

   Queda poco para llegar al suelo.

   Escucho los gritos de la gente como ecos armónicos que marcan el comienzo de una nueva canción

   Y entonces, bato mis alas.



martes, 20 de septiembre de 2016

  Sobre un desierto de palabras se puso la primera piedra llamada silencio, sobre un desierto, miles y miles de palabras, pero un desierto. Él continuó andando pisando levemente sobre millones de frases que saltaban solemnes chapoteando sembrando un continuo eco que muchas veces florecía en forma de miedo y otras en forma de culpa.
  
   Sus pasos rozaban el murmullo, el cáos ordenado de la tiranía más feroz, sus pies intentaban no despertar al gigante reproche.
  
   Mente absorta en su destino, libre de cadenas, de rejones infectados con malícias y rencores. Cada vez más liviano, más majestuoso, casí se podía contemplar su aleteo incesante. La belleza de lo incomprensible, de lo sublime, del gracioso acto que miles de ojos apenas podían percibir pero que excitaba la aletargada mente de aquel que notaba el hálito de su ascenso.
  
   Algunos celosos de aquella obra criticaban su caminar, otros simplemente lo tachaban de demencia, de herejía, sacrilogo desafío a lo estipulado. Solo era un paseo por el desierto, pero la vida que manaba de su gracioso andar a nadie dejó indiferente.
  
   Todo en él era amenaza, su silencio, su independencia, su media sonrisa confiante, y fue entonces cuando rompió el silencio, para cantar, para murmurar frases olvidadas entre tanto polvo y ceniza. Remolinos de rabia empezarón a rodearle, marabunta de odio ante tal provocación. En un desierto de angustia no había lugar para poesía. La muchedumbre quiso ahogar la hermosa demostración de amor, de belleza, de calor, de vida. Todos abatieron el vuelo de aquella criatura, su cantar, lo apresaron, lo encerraron, lo enjaularon.
  
   Ya entre rejas, en un rincón de aquella oscura jaula, donde hasta la más oscura y sombría de las noches habría bebido desasosiego, la hermosa criatura seguía cantando, recitando, dando gracias a la vida. Ni sus encallecidas manos, ni su espalda maltratada apagaban aquel hilo de voz.
  
   Todos aquellos que contemplaban a aquel monstruo blasfemaban, escupían, se burlaban. Un enjendro repulsivo al que hasta mirarlo producía nausea. Todos miraban hacia la jaula con el morbo que produce ver una abominación, un error de la naturaleza. Todos menos una chiquilla, una cría lo contemplaba admirando como aquel ser sonreía y seguía cantando frente al desierto de palabras.

   Él la miró, detuvo su cantar, le guiño un ojo y balbuceo en voz muy baja "Tu eres esa esperanza, la musa que buscara su poeta, la poesía que anidara en las manos, la voz que perdimos, el amor que callamos. Tu mi niña eres quien dentro de ti llevará la canción que todos callamos, tu eres el poeta que tanto necesitamos."

sábado, 13 de agosto de 2016


   -Llevo mucho esperandote, sentado, junto a esta ventana donde la brisa juega a despeinarme y ahora te sientas juntoa mi y te quedas callada. Sabía que solo bajarías caundo creyeras que mi cabeza soltaba amarras, pero ese barco encalla muy facillmente princesa.
   -Me gusta contemplarte, mitad niño, mitad anciano, una canción que se canta en silencio, una mirada que cuenta lo que su boca calla, así te veo, y así necesito verte.
   -Bien conoces que entré en esta torre a esperarte por que en ella te posaste por primera vez a contemplar como de mis manos nacía esa magia, que nos hace únicos a los humanos. Y desde aquella noche mi condena fue anhelarte, mirarte de lejos, sin poder tocarte, sin rozar esas hebras de plata que ahora cortan mis suspiros. Secuestraste mi cordura para hacerme niño canción.

   La Noche entró, altanera, saludo a Luna y se limito a quedarse de pie observandonos, callada, jugando con los cachorros de sombras que bailaban de acá para allá, coqueteando con el rostro del niño, y perdiendose en la profunda oscuridad de aquel torreón. Tardó un buen rato Noche en hacer gala de su voz hermosa, sugerente, digna anfitriona de donde tantas pasiones ahogaron su eco.

   -Luna este chiquillo vestido de melodía y harapienta libertad ha estado mucho tiempo esperandote, al menos dile que quieres de él.
   -Madre, me gusta su compañía, tiene el don de divertirme con su risa y su voz. Lo acuno y el me cuenta sueños, miedos, amores, deseos, penas. Él sabe bien que quiero de él.
   -Noche, usted es la madre de todo aquello que abraza, que oculta bajo tan poderoso manto, y en éste me he cobijado en multitud de ocausiones. Los deseos de su hija Luna son la mas hermosa de las maldiciones. Al decir esto el niño calló de golpe, como si su boca se hiciera complice de su mente y ambas se cobijaran con pudor frente a las dos damas.
   -Continua niño. Ordenó Noche con la autoridad de aquella que todo lo había contemplado siemdo complice de cualquier acto imaginable.
   -Sólo que, querría pedirle que no me privara de poder contemplarla de cerca, rozarla, acariciarla, poder susurrarle al oido todo aquello que hace que renuncie a mi condición de humano. Son cientos de años los que espero para poder acercarme a ella y tomarla entre mis manos. Es tanto tiempo que mi mente olvida ya lo escrito y contado, y la canción se vuelve a repetir, un estribillo maravilloso, hermoso como nada para mí, pero q es interrumpido por una larga estrofa, arpegiada por la ley de la Noche, tocada por manos del tiempo, arreglada por golpes de mar y viento, pero es una tortura, un tormento hasta que llega el estribillo que ahora entono, que se abre paso por mi garganta para cerrarse en un tembloroso nudo. El nudo que anuncia su fin.

   Noche calló, y Luna se acercó a la cara del aciano para secarle dos brillantes lágrimas que brotaban de sus ojos. Una tierna sonrisa brotaba sutilmente del rostro de un niño,  que comenzó a cantarles a la Noche y a la Luna.