Salto al vacío, el aire fricciona cada poro de mi piel desnuda La terrible caída que antes paralizaba mi cuerpo ahora es un vertiginoso gesto ante un Dios dormido, acomodado, sentado en un trono de soberbia sostenido por falsos profetas.
Pero ahora eso que más da, caigo, mi corazón bombea sangre sin descanso, parece un animal ansioso de arrancar la carne y saltar de mi cuerpo hacía su propia caída en libertad, la verdadera libertad, esa que tanto han tachado de locura, pero yo solo caigo, y caigo y él se limita a bombear sangre, que hace que mis oídos zumben, que brote la adrenalina mezclándose con ese sudor frío que coquetea con el pánico.
Supongo que mientras desciendo mi cuerpo tiende a normalizarse, mi desnudez se mezcla con la noche, me siento abrazado por las manos de la oscuridad, masturbado por el roce de la suave brisa, que parece querer brindarme una última satisfacción antes de mi destino. Nunca me gustó mi desnudez, pero la noche la adora, la besa, la envuelve. Ya no temo, ya no tengo presente el zumbido dentro de mi cabeza, ahora solo me dejo atrapar, sonrío, siento espasmos de felicidad ante la certeza de que mi gesto es hijo de la mas absoluta emancipación, espontaneidad, soy yo.
Ahora cruzo la línea en la que todos me contempláis, observáis mis rasgos, mi desnudez, mi demencia, desde vuestro balcón, desde vuestras ventanas. ¡Miradme estúpidos! ¡Mirad como me baño en este cielo exhibiéndome ante las estrellas, mientras vosotros encendéis luces para que os tapen de la penetrante mirada de éstas!
Todos alertados me señalan, gritan, el pánico en el gentío hizo su maravillosa aparición, bufón de la corte en un mundo donde las emociones están cristalizadas para durar eternamente, como no queriendo consumir vida mientras vivimos. Nuestros cuerpos en conservantes, y nuestros sueños en un desván donde dicen que habita un ser maligno llamado Anormalidad, no dejéis que os toque, pues podéis convertiros en un ser abominable.
Queda poco para llegar al suelo.
Escucho los gritos de la gente como ecos armónicos que marcan el comienzo de una nueva canción
Y entonces, bato mis alas.
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