Se muestra desfigurada ante el mundo, con un ala rota, manchada por el barro, con las plumas marcadas por la violenta caída. Sí, has caído. ¿Cómo es posible? Tu que te creías poseedora del control de los cielos, desafiante a la reina Gravedad, ahora luchas por levantarte tambaleándote después de tan aparatoso aterrizaje.
Antes hermosa, majestuosa, ahora, una hiriente imagen, antes altiva, ahora desnuda decadencia. El cielo dejo de mecerla entre sus brazos para empujarla contra el duro verde manto, a ella, la que bailaba en los cielos, la princesa que montaba al viento.
Avergonzada caminaba tambaleándose, intentando pasar desapercibida ante el resto del mundo, cabeza baja, arrastrando el ala, medio desnuda, mustia, sucia, sufriendo su mayor vergüenza, tener que caminar ante el resto del reino.
Notó como todos los ojos se posaban ante ella, no quería levantar la mirada del suelo, escuchaba los ecos de la humillación. Todos cuchicheaban y la señalaban con la mirada. ¿Cómo es posible? Tu que danzabas sobre el viento por encima de nuestras cabezas. ¿Qué te ha pasado Dama de los cielos?
Tuvo que detenerse por el sofoco provocado parte por el cansancio, parte por la vergüenza, parte por el dolor de sus heridas. Se agazapo a recuperarse, el resuello, la ansiedad, y la dignidad perdida eran ahora sus principales pensamientos. El mundo continuó su incesante actividad, todo volvió a su flujo natural, menos ella, que ya no podía volar.
El desasosiego comenzó a abrazarla, no había esperanza en su vida sin poder volar, ella había nacido para eso, pero sin sus dos alas no podría volver a los cielos. Comenzó a llorar bajo la sombra de un frondoso árbol, nadie se fijaba ya en ella, nadie se acercó a consolar al orgullo y la soberbia, a la altanería y la arrogancia. Nadie quería acercarse al juguete roto, al color parduzco, a ese ángel caído.
De repente una voz cálida hizo que levantara la mirada desde el regazo hasta unos cálidos ojos marrones.
No hay comentarios:
Publicar un comentario