lunes, 17 de noviembre de 2014





   Sella el viento el vaivén del humo, juega el grillo a contar estrellas, se acurruca la oscuridad entre las esquinas de mi demencia. Llevo días mendigando un acorde y sólo encuentro el murmullo de algunas palabras. No tiene sentido salir del calor de tus agujeros si lo que me encuentro fuera solo huele a dinero, ambición y vacíos sentimientos.

   ¡No, no quiero ser como tu! Mis harapos encierran miles de cuentos y mi pobre bolsillo trae montones de sueños, siéntate y te los cuento, solo quiero encontrar retales de tu afecto. Mi sombra se distrae con la ausencia de las miradas, y vuelve al rastro donde compré tantos y tantos besos. Que barata se vende el alma de un embustero, por dos hogazas de pan y unos labios traicioneros.

   Niños venid que os cuente verdades de esas que no nacen de gobernantes y financieros, dejadme que os diga que entre paso y paso se esconden prados enteros, que entre lágrima y lágrima siempre se esconde un te quiero, que entre baúles olvidados siempre hay amores verdaderos. 

   Dejadme que os enseñe que es mejor tener una romance en cada puerto que vestirse de banquero. Aprended las bondades de olvidarse lo malo pa hacer sitio a lo bueno, que no hay mayor ganador que un perdedor sincero, que los pensamientos y las miradas no tienen nunca dueño. 

   Y sigo mirando a la Luna vistiéndome con tus recuerdos y el vacío de mi pecho se llena con un soneto, y las teclas de un piano desnudan nuevos versos, y mordiendo en el cuello al silencio mojan, mojan y mojan aún más unos labios que no siempre dan besos. Y el humo vuelve a posarse sobre mi balcón ¿Será de hoguera y celebración o de un tren llamado adiós?





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