martes, 29 de abril de 2014



   Mírame a los ojos, sigue alimentándote de mi, saborea hasta el último ápice de mi carne. Llena tu vacío con el punzante gusto de mi más oscuro ser. Exprime hasta la última gota de mis servicios.

   Mis alas hace tiempo que se quemaron y sus cenizas cubrieron tu piel, tapando el pudor de tu inocencia. Ya no pones la otra mejilla, ahora miras de cerca y atrapas el olor del momento, la presa ya es cazador. Que bello es el sonido del precinto al romperse, un precinto que jamás se volverá a restaurar.

   Ahora tu sonrisa tiene un toque mas interesante, un dulce balanceo entre la niñez y la demencia. Desde que aceptaste mi presencia en tu corazón sonríes mas a menudo ¿Acaso la intensidad de una vida no se mide por las veces que sonríes?

   Muerde, haz que el dolor se mezcle con tu dulce saliva. Deja que las sensaciones fluyan, desnúdate de estúpidas normas que ni tú ni yo hemos aprobado. Es hora de que seamos uno, es hora de gritar, de soltar amarras. El barro mancha cuando tienes algo preciado que manchar, cuando vas desnudo el barro tapa las heridas. Y cuando el dique se rompe, todo lo que nos rodea se vuelve barro. Llega la cuenta atrás, el tic tac del corazón cada vez se hace mas intenso antes de explotar. Bang.






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