jueves, 1 de marzo de 2018

Cimientos

En los cimientos de una canción duermen tristeza y alegría tras hacer el amor
Entre sus muros la melodía guarda con pudor noches de pasión y otras de cama vacía
Sobre la línea de la voz pasta un rebaño de sueños rotos y batallas perdidas

¡Escucha y levanta la mirada!
¡Mira al cielo!
¡Mira sin miedo a nada!
Escucha y alza el vuelo y canta
Que el tiempo cura lo que la vida daña

En las palabras del poeta se encuentran las alas del alma
que de la eternidad al papel serán siempre amarradas
En los dedos del que toca, duermen los ojos del que ama,
que entre roces y caricias suena la mas hermosa canción jamás tocada

¡Escucha y levanta la mirada!
¡Mira el suelo, solo tus pies, nada les para!
¡Mira al frente sin miedo a nada!
Escucha y emprende el camino
Sin miedo al frío metal que son sus palabras

En los sueños del que sueña se encuentra el viento que la vela lleva hinchada
Empujando a favor contra la marea airada
En los ojos de ese niño se encuentra bien izada
Una bandera negra, libre, una bandera pirata.

martes, 13 de febrero de 2018




ESTE ES MI REINO

   La brisa mece a cámara lenta cualquier atisbo de cordura a mi alrededor. Estoy en un Coliseum, la gente me contempla esperando a que la parálisis de mi cuerpo desaparezca y pueda comenzar mi acto. El ensordecedor jaleo satura mis pensamientos, estoy bloqueado por completo, no puedo moverme.

   De repente una columna de humo marca el tempo de gritos y alaridos, como un demente director de orquesta dando paso a los vientos, estridentes e histriónicos. Una avalancha de gente se precipita en el sentido contrario al de las llamas emergentes. Yo sigo bloqueado, quieto, mi mirada perdida solo es un testigo pasivo de tal catástrofe. En medio de la arena solo estoy yo, de pie, sucio, encadenado, tapado solo por unos harapos que caen desde mi cintura hasta mis rodillas. No puedo apartar la vista de la masacre, no disfruto pero tampoco sufro. A cámara lenta el fuego se propaga a lo largo de todo el graderío.

   En breves instantes solo quedan restos humeantes y un fuerte olor a carne quemada. Una figura observando el dantesco espectáculo, petrificado, con el pecho secuestrando una bocanada de aire y un sudor frio que perla mi desnuda espalda. De repente me percato de la presencia de algo a mi lado. Golpea mi garganta el aire entrando como un invitado inesperado para mi cabeza pero vital para mi cuerpo. Me despierto de mi letargo mirando a mi nuevo acompañante.

   Un perro, un vulgar can, sin pedigrí, callejero, sucio y de aspecto dócil. Echado cerca de mis pies descalzos, bostezando, con pachorra, con indiferencia ante la locura allí acontecida.

-¿Hoy no te aplauden verdad?

   Una voz golpea mi conciencia, miro alrededor y no hay nadie, los restos de la infernal escena han desaparecido, y solo quedan piedras erosionadas, antiguas, viejas como el mismo sol que las calienta, ni humo, ni carne.

-Soy yo, imbécil

   Miro hacía el animal y veo que me está mirando fijamente.

-Sí, puedo hablar
-Dios
-No, ese no habla contigo. Estamos en un sueño, no soy real, ni esta escena, lo único real que hay aquí eres tu. Al menos eso crees.

   Tras decir eso se posó sobre sus cuatro patas y empezó a dar lentamente unos pasos alejándose de mi.

-Continuaremos esta conversación en otro momento, en otro sueño, ahora toca despertar. Creo que ya he sembrado algo de locura en tu árida mente.
-¿Por qué un sueño?¿Por qué a mi?
-Porque este es mi reino, y porque puedo.


   Miré como se marchaba, como se iba adentrando entre las sombras, pero ya no era un perro callejero, era un lobo.

domingo, 4 de febrero de 2018



   Se desvanece la luz, la noche es ahora la que rodea tus pensamientos. Yo solo contemplo desde la distancia. Frío, todo es frío, no hay más latido que el tuyo, el mio lo desconectaste como si de un juguete viejo se tratase, incapaz de emitir más que una luz parpadeante y medio apagada y un ruido desagradable, grave y distorsionado.

   Me llamas, pero yo no puedo oír tu voz, solo veo el movimiento relentizado de tus labios, esos labios que antes habían dado sentido a mi boca, habían reconectado mi vida a la humanidad. Años importantes se nos marcharon, ya no soy canción, ni niño, solo una sombra que deambula alrededor de tu cama,sin poder rozarte, sin poder contarte mis alegrías al oído, pues alegrías ya no tengo y mi voz deambula en la eternidad como un miserable eco agonizante.

   Mi prisión no es esta oscuridad, es no poder sostener la llama que a ti te de un poco de luz en tan vacía noche. Vagué muchos años entre bosques y lunas, me adormecí en tu ventana hasta que me despertó el amanecer. Alpha y Omega tocándose en un gesto de desafío a los dioses. Tu contemplaste lo que nadie veía y yo solo me arrodillaba ante la evidencia. Un alma y una mirada engarzados en el mismo instante, con una misma voz, con piel como jaula, con orgullo como bandera y a mi como protector.

   Hiciste de la leyenda realidad, volvieron los latidos, el calor, el dolor, la música, el amor, la locura, el valor. La bocanada de aire entraba en mi pecho golpeando la inmortalidad para luego marcharse y dejar otra vez el vació más absoluto, el cosmos adentrándose por cada poro de mi piel. Y tu mirando al juguete, sin comprender nada, solo viste un pequeño destello en una mirada muerta, el parpadeo de la vida reflejada por ti, la eternidad rozando sin querer la melena de una niña pequeña caprichosa y despreocupada, una niña pequeña, la esperanza, la bondad, pero también, la temeridad

   Ahora todo desapareció. Si dejas de creer en una leyenda, la leyenda se desvanece. Ya he muerto, he vuelto a lunas y bosques, soy quien fui y deje de ser quien para ti era. La función acabo, pero no hay aplausos, solo butacas vacías y un viejo, que fue niño, para luego ser viejo. Cansado, solo deseo que desaparezca todo, pero me es imposible apartar la vista de ti, y si mi piel sintiera, notaría la salada y húmeda calidez de estás lágrimas que caen.

   la lluvia te despierta, la ventana está abierta y frente a tu cama hay unos cuantos copos de nieve. Unos salados copos de nieve que rozas antes de que se deshagan. Frío, solo frío, en la fría penumbra de la noche. Y mientras voy marchando pero sin dejar de mirar atrás.

martes, 9 de enero de 2018



   Escucha mi voz, es profunda la esencia que se desprende de cada palabra que hoy te diré. Mi tono ha cambiado, mi mirada se torna opaca. La presa ha desnudado su mezquindad para que la contemples y te excites con su dura, caliente y mojada maldad.

   Ante ti tienes a quien te engañará con la oscura y rítmica sinfonía de su vocablo, parpadeante emoción, hipnotizante decadencia. Te tendré en mis manos y con un solo gesto te arrojaré al pozo más hondo que puedas imaginar.

   ¿Aún conociendo esto quieres continuar con nuestra charla? ¿Arriesgarte a ser mi nuevo trofeo? ¿Qué pretendes conseguir de mi? ¿Crees que soy un reto? ¿Crees que esto es un juego?

   El frio es solo un aviso, el silencio la certeza haciéndose realidad, posándose en tu cabeza, como una mascara de hierro, como una tortura inventada única y exclusivamente para ti. El desprecio es ese rincón donde poder tomar aire antes de un nuevo golpe de mis labios, arrancando hasta la última bocanada de dignidad que quede en tu insignificante alma.

   Ahora, ante mí, solo una piltrafa arrastrándose, mendingando un poco más de desprecio que le haga tomar tiempo antes de la próxima oleada. ¿Después de todo esto me amas? ¿Incluso así eres capaz de mirarme con una pizca de amor, un brillo que se refleja en el destello de tus lágrimas? Nunca te entenderé, nunca. Ni con tu amor podrá saciarse el ansia demente de un corazón tan ennegrecido.

   Tu reto, tu amor,  solo es un traidor, que devuelve tu cariño con paladas de repulsión. Quieres cambiar lo que habita en mí, pero no eres capaz ni tan siquiera de entender que es eso lo que te atrae. Tu luz quiere ser ahogada en mi oscuridad, quieres que mi orgullo entre una y otra vez en ti, despojándote de inocencia a cada embestida, arrancando gemidos de derrota en cada acometida. Y la lucha sigue estando en el momento más ardiente, tu amor contra mi odio. Tu bondad contra mi obscenidad.


lunes, 27 de noviembre de 2017


   Miles de focos se balancean a mi alrededor apartando las sombras de mi rostro, de mi decadencia, de mi humanidad. Las sombras van y vienen, burlonas, altivas, me desafían, me atrapan para luego volver a soltarme en un acto cruel donde la esperanza va y viene golpeando cada vez más fuerte. Un juego vertiginoso que me hace caer de rodillas.

   Olvidé quien soy para buscarme a mi mismo, esclavo circunstancial de este presente inmisericorde que nos enjuicia en cada acto de nuestra vomitiva naturaleza para luego mostrarnos con una aberrante sonrisa el mismo acto pero con el beneplácito del populacho. Soy una sombra, no quiero la luz de estos focos, pero la necesito para apartar mis sombras, alma en pena vagando para desnudar sus pecados ante la mirada impávida del jurado. Aquí me tenéis, arrodillado, derrotado, inútil, soy vuestro.

   Muestro mis manos, atadas, presas de los grilletes de la crítica. Soy lo que soy, estos grilletes no pueden hacer nada contra mis escasas virtudes. La naturaleza del animal se puede atrapar pero no extirpar, tendría que morir el sujeto en concreto y aún así más de su especie volverían a amenazar con su naturaleza a la gente de bien.

   Miles de luces apuntan a mi cara como miles de armas cargadas, con miles de pares de ojos observando la presa desde una posición de superioridad. La decadencia del artista hecha alimento para aquellos que ansían la destrucción de la emoción. No hay aprobación para lo diferente, soy un error en un mundo perfectamente ordenado para la supervivencia del virus.

   Almas en pena apiladas en pequeñas cajas que sirven para preservar al ser, para alargar su servidumbre. Alimentan a la reina y cuando no lo hacen dejan de ser útiles para el enjambre. Cuando un insecto como yo dejó de alimentar a nuestra madre para pasar a encontrar un sentido mejor a la existencia, fue fácil de encontrar por los centinelas del Ego.

   No está permitido cualquier gesto emocional en este mundo. Es síntoma de debilidad ante la parte más oscura de nuestro ser. Los dioses no perdonan a quien crea algo diferente a lo establecido, pues es un acto de herejía por no decir que la rebeldía es el más claro síntoma de narcisismo y egoísmo.

   La colmena no necesita de músicos, la voz es solo una y ya está elegida. La colmena no necesita de escritores, la imaginación es un acto indecente. Cruzar la linea ante la gente para seguir un camino improvisado puede hacerte peligroso para el enjambre e incluso para ti mismo. Ya han decidido lo que serás el resto de tu vida, acéptalo y acomódate.

   Pero no supe hacer eso, y ahora ante las luces, soy juzgado. Un cable suelto, un tornillo mal apretado, un cristal mal fijado. Soy culpable de ser quien soy, y ese es mi pecado. Soy culpable de querer vivir de una forma diferente y esa es mi patología. Soy culpable de amar más allá de lo real, y esa es mi locura.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

El viejo y el Mar

   Susurra la noche su dulce canción, deambulando por cada esquina, acompañando la vibrante danza de las sombras a la luz de las velas. Una puerta que se cierra para anunciar la llegada de un forastero que se adentra con pasos cansados, empapado por la lluvia que celebra fuera la llegada del nostálgico otoño.

   El hombre se quita la chaqueta y se sienta en la barra de aquel viejo bar. Bajo los bucles de su pelo mojado se esconde un rostro de sonrisa agotada y unos ojos de pasado incierto. Pide con voz profunda una cerveza bien helada y con ágil gesto aparta los mechones de su melena para dar el primer trago directamente de la botella.

   Se gira para contemplar a su alrededor. Varias personas se cobijan de la oscuridad del apagón en aquel cálido rincón del mundo. Un bar cualquiera, un sitio olvidado del mundo donde poder tomar algo y huir del loco mundo. Velas para ahuyentar la oscuridad, música suave para esconder las palabras de oídos indiscretos. Y sus cansados a la vez que vivos ojos marrones mirando uno a uno a todas aquellas historias vivientes intentando distraer el alma del lastre adquirido por días y días a lo largo del tiempo.

   Con un gracioso salto se incorpora del taburete donde estaba sentado y se pone en pie frente a la mirada curiosa de los allí presentes.

   -Mi nombre no importa, mi historia tampoco, pero quiero contaros algo que alguien contó a otra persona que a la vez contó a un tercero y que ese tercero hizo canción. Una canción que despierta corazones, que enternece las almas, que nos devuelve a ese niño hambriento de aventuras que todos llevamos dentro.

    El extraño personaje se puso en medio de aquel salón ignorando la voz de algún borracho que lo mandaba callar.

   -Hoy solo os contaré la historia, pero si tenéis mas curiosidad, pronto os la cantaré. Bien, comienza la historia una fría mañana de invierno, el padre de quién contó la historia se dirigía a disfrutar de un rato de pesca, era un pueblo pesquero, un rinconcito tan olvidado que aunque os dijera el nombre ninguno de vosotros lograría encontrar. 

   Este hombre caminaba absorto en sus pensamientos cuando de repente su mirada se posó en un bulto inerte que había frente a él en la orilla del mar. Las olas lo golpeaban como repudiando a aquella extraña silueta. Este hombre se acercó y pudo ver con terror que se trataba de un hombre. Un viejo de barba gris y escasa melena envuelto en una roída manta. Se apresuró a ver si todavía andaba con vida y pudo comprobar que aun débilmente su pecho subía y bajaba en un bucle lento y parsimonioso.

   Lo incorporó sobre su pecho y lo cubrió con su chaqueta, el viejo despertó sobresaltado. El padre de mi amigo viendo el lamentable estado en el que se encontraba el hombre lo ayudó a incorporarse y apoyándolo en su hombro consiguió llevarlo hasta su furgoneta.

   El viejo parecía perdido, no sabía donde se encontraba, estaba en un estado de shock debido al naufragio. Terminaron ambos tomando un café en alguna taberna cercana a aquella playa. El pescador le había dado ropa seca para que se cambiara y pudiera calentarse.

   El viejo ya más tranquilo y entrando en calor con la taza de café humeante frente a él comenzó a relatar su historia:

   "Soy como dirían algunos un viejo lobo de mar. No se que día es hoy, ni donde estoy, ni tan siquiera la edad que tengo ya. Los días en la mar son todos iguales, el sol en su monótona rutina confunde a cualquiera que viva sobre el mar. Y dormido acabé una noche en mi velero y dormido monté a lomos del oleaje, siendo un potro salvaje e indomable para un jinete viejo como yo.

   No se cuanto tiempo he pasado navegando, solo se, que mi destino está sobre ese corcel, sobre la libertad del viento, con mirada perlada en sal, con los vaivenes de sotavento, con sirenas que me han de cantar, con el oscuro azul lamento que me ofrece mi amada la mar.

   Allí he de acabar mis días, pero mi amada es caprichosa y un día de reproches por temporal golpeando mi velero a sus manos me fue a lanzar. Y como muchas mujeres hermosas en sus brazos no me quiso amarrar, pues no se si es amor verdadero o triste beso temporero que de sus caderas me quiso apartar.

   Soy un viejo lamento que está enamorado de la mar, soy loco, un elemento, que a puerto amarra tarde para en la mañana con víveres volver a zarpar. Amigo gracias por rescatarme pues las olas a ti me han traído y mi historia mereces escuchar.

   No conozco felicidad sin el chillido de gaviotas, sin golpetazos de sal, sin olor a madera rota, sin mis cuerdas volver a amarrar. Con mi voz y mi velero he aprendido a olvidar que en tu mundo en vida muero y mi lecho está en la mar. Izo las velas al viento silbando una melodía, entreteniendo a mi amada mientras su hermana Eos me ayuda a zarpar.

   Te cuento está pequeña historia para que algún día la puedas cantar. Haz de mi existencia ejemplo de locura y felicidad. Soy un viejo loco enamorado de la mar. Fui polizonte viajero, pescador y marino militar, pirata, pendenciero y de niño trobador sin más. Me trajo a puerto la niebla y la niebla de puerto me llevará. Ten certeza pescador que tu ayuda se pagará. Soy un fantasma embustero, un alma en pena al azar, de ti lo que espero ya tengo, de mi algo más que gratitud tendrás."
   
   Al decir esto el viejo se levantó y con expresión dulce sonrió al pescador señalando por la ventana. El cristal estaba empapado por la humedad, de repente una espesa niebla se había levantado aquella fría mañana de invierno, cuando el hombre volvió a buscar con la mirada al anciano marinero allí ya no estaba. Un melodioso silbido se escuchaba alejarse fuera entre la densa neblina.

   Cuentan que fortuna es caprichosa, que no a todos los hombres les roza con bonanza. Pero el piadoso pescador tuvo vida larga y dichosa pero eso, es otra historia por contar.

lunes, 11 de septiembre de 2017

De Tarantos y Tacones

DE TARANTOS Y TACONES

Quiero perder las agujas que se clavan avisando que el mañana ha llegado a mi espalda otra vez

Y desperté retando a la madrugada, con la queja ahogada que se apaga con aroma de café

Lo puedo hacer, con las manos encalladas de bailar con pico y pala en la danza del currar para comer.

Y sembraré entre sueños y tu cama la raíz de una alborada que florezca para verte amanecer

Me marcharé, tras la puerta bien cerrada el rumor que entre las sabanas contigo estaría mejor que bien

Y venme a ver, le digo triste a mi hada, mientras arranca mi jornada con sabor a añoranza de tu piel

Pero  se muy bien, que si llevo algo de plata pa llenar bien la buchaca los cuscurros nos sabrán la mar de bien

Quisiera ser, el que lleve a tu morada mil canciones no cantadas, que se abrochen en tu cuerpo a flor de piel

Mi única fe, es llegar a casa vivo, sonriendo con mi trino, desnudándome buscando provocar
´
llévame, a engarzarme entre tus piernas que si hay manjar que llena es el que de tu cuerpo he de comer

Y otra vez, zapateara mi pena pues la noche es prisionera del descanso que en condena he de tener.

Pues quiero ser, el que guarde entre tu pelo de temores y desvelos, de los males yo te voy a proteger.


Me dormiré suspirando en silencio mientras somos solo un cuerpo calentando nuestras penas otra vez.