miércoles, 2 de diciembre de 2015



   Sentado al borde del precipicio, observándolo todo. Mis ojos se mueven de acá para allá contemplándolo todo con fascinación. La vida es hermosa y cruel a cucharadas iguales, un dulce néctar que muchos lo toman de golpe y otros disfrutan lentamente.

   Frente a este nuevo amanecer mi rostro agradece las nuevas caricias de mi amigo Sol. Cuando era pequeño no entendía por que la gente no podía verlo. Después me acostumbre a mentir y seguirles la corriente. Me decían que era una esfera luminosa, menuda estupidez, un caballero ingles, elegante, rubio, con un reloj en su chaleco que sacaba constantemente para nunca llegar tarde a su cita con el mundo no era una esfera.

   Lo saludé alzando un sombrero imaginario y bajando ligeramente la cabeza en un gesto de cortesía y el me devolvió el gesto. Me tiré al vacío, abandoné el balcón de aquél abismo para ir a dar un paseó, ya estaba harto de estar sentado en aquel acantilado. Justo al posar mi pie en el último escalón antes de llegar al mar, la roca mas cercana a éste, el mar me frenó de golpe con una ola que humedeció mi melena.

-¿Hoy estas de mal humor eh?
-Yo soy así, no estoy ni de buen ni de mal humor, hay días de calma y días de tormenta, yo soy así.
-Ya, ya, viejo gruñón, hace tiempo que me habría enfrentado a ti, pero con el paso del tiempo aprendí que es tu carácter y que nada puedo hacer para cambiar eso. Otra ráfaga de espuma perló mi rostro mientras contaba esto.
-¿Me imagino que quieres pasar? Ya sabes cual es mi condición.
-Ja,ja,ja, Viejo, la verdad que sería un placer caminar sobre tus aguas sin que me devoraras. Pero si no te importa te cantaré un poco más tarde, quiero ir a pasear.
-Bien, pero yo elegiré la canción.
-Vale, viejo gruñón. El mar se calmó para que yo posara mis pies sobre sus aguas. El viejo me contemplaba con esos ojos azules cristalinos mientras se mesaba su barba y fumaba en su pipa. La niebla que expulsaba con cada calada lo envolvía todo. Muchos hombres han sido devorados por esos ojos azules.
-¿A donde te diriges niño canción? Me preguntó con esa voz tan profunda que hacía retumbar todo bajo mis pasos.
-A observar al mundo, a la gente, la risa llena de vitalidad de los niños, y la sabiduría escrita en los ojos de los ancianos. 
-Y el odio que mana de sus malvados actos.
-Ja,ja,ja, no seas gruñón Mar. En la naturaleza hay mal, tu mismo has inspirado canciones de dolor y tristeza. 
-Así es, pero no guerras y hambre, ni odio y pobreza por ambición y egoísmo.
-Son fascinantes, incluso en sus días mas sombríos.

   Cada paso sobre el suelo cristalino me acerca más y más a aquel lugar donde viví mis primeros días. Todo es tan relativo aquí, todo cambia tanto con respecto a como ellos lo ven. Es muy interesante descubrir lo que ellos llaman Física, Leyes, Ciencia, Justicia. En este universo las cosas no son como ellos creen, en mi mundo todo es diferente, lo que me atrae es ese pequeño momento en que mi mundo y el de ellos se toca.



   

sábado, 21 de noviembre de 2015


   Déjame contarte algo, desde aquí, desde esta lejanía. Déjame decirte lo que nunca te dije, lo que siempre guardo. Dejame mostrarte lo que hace que mi voz tiemble al cantar algunas canciones. Silencio, se que tengo muchas promesas incumplidas, se que me odias, pero dejame vomitar todo aquello que guardo bajo mi piel.

   ¿Cómo es posible que un nombre al ser pronunciado corte mi conciencia en dos? ¿Cómo es posible que una risa parecida a la tuya haga que me pare y escuche con la esperanza de girarme y encontrate frente a mi? ¿Que maldición es esa que me saca de la realidad solo con cualquier olor que me lleve a aquellos días en los que tu desnudez y la mía coqueteaban a mezclarse entre sabanas y besos?

   Tintinea esa estrella y le ruega a la Luna que te guarde, que él sepa darte lo que yo jamás podría aspirar a ofrecerte, pues ahora más que nunca solo llevo miseria, mentiras y sueños en esta vieja bolsa de viaje. Siempre me aparté de ti por que nunca senti merecerte, un vagabundo no baila con la princesa en el gran baile. Un vagabundo solo observa la vida pasar, con luces y sombras, con sonrisas y lágrimas, un vagabundo solo canta para espantar temores.

   Se muy bien sin verte que sonríes, tienes motivos para ello, y uno muy importante, lo se. ¿Con que derecho iba yo a cambiar esa sonrisa real por mis incertidumbres, por la intermitente levedad de la locura? Solo es eso, pura y dura demencia, alguién que ha caido y levantado tantas veces que ya lo hace por costumbre, que no duda en reirse de su propia sombra, y hasta su ésta le devuelve la burla.

   Tengo un libro lleno de canciones y jamás podré escribir una que llegue a rozar este ancla que llevo en el alma cada vez que recuerdo que un día me naufragué en tus ojos. Espero que con el paso del tiempo sientas algo parecido a orgullo sabiendo que este vagabundo nunca saco sus sueños de su bolsa de viaje, que intentes perdonar que en mi olvido no haya sitio para ti, que en mis deseos siempre tenga un altar para rogar por esos besos, espero que no me odies por desaparecer cuando llegó el frio de Enero.


lunes, 19 de octubre de 2015


   3 metros me separan de ti, apenas puedo moverme, la perfección resplandece ante mí, me hace temblar, me pone nervioso, como afrontar tu belleza, mirarte, no mirarte, el calor en mis mejillas anuncian la llegada de un leve rubor, y el notar eso, hace que me averguence aún más.

   Creo que tu ni siquiera te has fijado en mi, son segundos los que llevo contemplandote, pero el tiempo merece ser medido con escrupulo, en latidos, en aliento, en fantasía. No te diré nada, soy incapaz, no quiero ni tan siquiera incomodarte con mi presencia, prefiero ser parte del decorado, como un mirón sofocado que no puede dejar de mirar la excitante escena, que peca a sabiendas de que en su vida no habrá marcha atrás después de probar la ambrosía mas obscena, contemplarte.

   Perplejo, paralizado, hasta para fantasear te pido permiso, lo hace mi voz, esa voz apagada que solo escucho yo, que pone nombre a tu rostro, un nombre que suena a silencio pero que sabe a devota exaltación. Y te desvaneces, y estas sabanas no te traen a mi, y vuelven los recuerdos a manar sin clemencia, y duel, y duele y duele.

   Y de repente apareces otra vez ante mi, ¡Diós bendiga la demencia! Y ya todo deja de doler, ya deja de doler, ya deja de doler, ya solo hay miedo, pero no dolor. Siempre hay miedo, donde hay algo bueno, hay miedo, donde hay amor, hay miedo. Los recuerdos se algopan, aquella primera vez que te vi, la primera vez que hicimos el amor, la última vez que lo hicimos, las veces que te reías de mi, y el bufón se sentía orgulloso, por que la luz de aquella sonrisa apagaba cualquier sombra en este opáco corazón, las veces que reprochabas mis imperfecciones, lo entendía, aceptaba que intentaras hacer de esa alma perdida algo de provecho. Pero las almas perdidas no suelen tener nada de provecho.

   En esta historia, el gusano jamás se convierte en mariposa, y tu mariposa, nunca amarás a un gusano. Pues nosotros estamos rodeados de tierra, oscuridad, podredumbre, y vosotras, estaís rodeadas de cielo, de colores, de esa brisa celestial que os eleva hasta donde nuestra imaginación de gusano no nos llevará jamás. Aquí arrastrandome sigo mudo por tu belleza, jamás hablaré, aunque estes a 3 metros de mi. Y duele, y duele, y a este gusano le dueles.

martes, 1 de septiembre de 2015


   No dejes nada de cordura en mï, no la necesito a donde voy. No tengas piedad de este triste juguete roto, los dos sabemos muy bien que de tus labios nunca se sale indemne. Quedan muchas noches de lluvia y silencio, muchas gotas cayendo fuera, y muchas resbelando aquí adentro.

   No necesito ni tan siqiuera tu atención, solo seré una bestia hambrienta agazapada entre la sombra de tu indiferencia. Centrando cada sentido en un gesto, en una mirada, en un atisbo que cubra la incertidumbre de poder complacerte. Enhebrando suspiros a traves de la aguja de la devoción, solo soy un pecado suplicando que tu boca le de expiación. Un sucio ser deseando lavar su mas oscura pasión entre la humedad de tu fervoroso capricho. Un lugar donde cercenar la conciencia del humano con la afilada vanidosa crueldad del animal.

   Tu haces que cada palabra cosida entre mi conciencia y tu obscenidad adquieran un sentido espiritual entre la caliente sequedad de mi garganta. Dame permiso para alzar mi voz en un doloroso y demente orgasmo, un gesto de libertad ante la tiranía de tu belleza, una blasfemia derramada sobre tu piel, que resbala en cada latido de esta oscura ilusión.


lunes, 20 de julio de 2015


   Existe un lugar, un rincón donde aún se puede escuchar los ecos lejanos de esta historia que os voy a contar, un pequeño pueblo cuyo nombre original ya fue más que olvidado.Muchos se ríen y se burlan de mi cuando cuento esto, no suelo hacerlo, pero el alcóhol nos hace demasiado charlatanes y sinceros.

   El invierno duraba demasiado, eran largas y frías las noches para aquellos niños. 111 chiquillos había en el pueblo, donde 222 padres criaban y educaban a sus hijos. Las 333 personas juntas hacían una sociedad perfecta, organizada, disciplinada, ordenada.

   La villa se encontraba asentada en un hermoso valle que dormía a la sombra de una grandiosa fábrica. La famosa Fábrica de Juguetes era el sustento de todos los habitantes. Así que como véis todo era perfecto en aquel maravilloso lugar.

    Cuentan que un oscuro y tormentoso atardecer un niño perdido entró a la fábrica a refugiarse de la lluvia. El recinto tenía siniestras formas al llegar la noche, a nadie le gustaba estar allí después de la puesta de sol pero era un buen cobijo. El chico se quedó dormido mientras esperaba que acabara el temporal, pero le desperto un ruido, un leve pum, pum, pum, continuo, suave, rítmico. Se levantó y buscó el origen de tan singular sonido.

   Abríó una pesada puerta y al entrar no podía creer lo que veían sus ojos, 333 recipientes se encontraban frente a él, sobre 333 mesas, con 333 etiquetas con sus 333 respectivos nombres. Nadie le había contado nada sobre ese salón, no sabía muy bien que era aquel lugar. Pero aún sus oidos notaban un leve pum pum pum pum. Buscó el recipiente con su nombre entre aquellas mesas y al acercarse el sonido se hacía mas intenso. Se quedó quieto contemplando aquella vasija, se armó de valor, y la descubrió. Dentro estaba su corazón, él no lo sabía, pero lo que se hallaba dentro era su corazón, aquello que latía y lo llamaba era su olvidado corazón.

   No entendía muy bien que era aquello, ni siguiera por que hizo lo que hizo, pero abrío esa pequeña puertecita que tenían los 333 habitantes del pueblo en su pecho e introdujo ese objeto latiente dentro, la cerró lentamente y comprendió todo, en solo segundos lo entendio todo.

   Los días siguientes a aquel suceso fueron maravillosos, los colores tenían un significado, no solo eran mezclas cromáticas. Las risas no eran sonidos opacos para hacer por repetición. La risa era esa sensación de levedad, de ingravidez que golpeaba con alegría sus pensamientos. Saltaba, gritaba, se revolcaba por la hierba, mientras los 332 habitantes lo miraban con incredulidad.

   Una noche, su madre se sentó junto a su cama y le preguntó si había estado en la fábrica. El niño contesto que sí. Su madre con una triste sonrisa le pidió que devolviera el corazón. El no comprendía como era posible que su madre supiera su pequeño secreto.

   -¿Sabía la existencia de ese salón y esas vasijas? Dijo el niño con tono culpable.
   -Hijo, todos los adultos del pueblo lo sabemos, nosotros creamos aquel salón. Dijo la madre con un amago de tierna sonrisa.
   -Mama no quiero devolverlo, no quiero, me siento feliz desde que late dentro de mi hueco. Al decir esto llevó sus manos a la trampilla de su pecho protegiendola de su madre.
   -Hijo, renunciamos a ellos hace mucho tiempo, si, te hará feliz durante un tiempò, pero luego te darás cuenta que duele tenerlo, que el sufrimiento es el precio que hay que pagar por sentir. Y creeme puede ser un precio muy alto.
   -Mama, yo no quiero dejar de sentir, aunque duela. Al decir esto algo resbalo por la mejilla del chiquillo.
   -Ves, ya empieza, no sabes lo que es verdad. Es una lágrima, y en este pueblo se derramarón muchas con aquella guerra, después de que acabara decidimos entregar nuestros corazones a la fábrica. Al decir esto la mujer seco la lágrima de la mejilla de su hijo.

   El chico pensó mucho sobre lo que su madre le había contado en los días posteriores y decidió hacerle caso. Dispuso desprenderse de su corazón como el resto de sus amigos, como su familia, como todos en aquel pueblo, ya estaba un poco cansado de la forma en la que lo miraban, total, para que sirve un corazón.

   Cuando llegó a la fábrica no recordaba con exactitud donde estaba el Salón de los latidos, y mientras lo buscaba llegó a una sucia habitación, todo estaba tapado con sabanas. Encendío la luz y la curiosidad le hizo destapar una de esas sabanas, encontró una extraña mesa con unas piezas blancas y negras al borde. Toco una de estas piezas y emitió un vibrante sonido. Siguió tocando cada una de esas piezas reconociendo diferentes sonidos en cada uno de los golpes de su dedo. El tiempo no parecía acabar mientras el hacía vibrar el hueco de su pecho donde se encontraba su corazón, jamás había experimentado algo igual.

   Su curiosidad le hizo girarse hacia otro de los muebles que se encontraba junto a la pared, descubrió la sabana que lo envolvía. Era un estantería con libros, pero los libros no eran los del colegio, no eran dogmaticos, paso horas y horas leyendolos, hablaban de amor de aventuras, incluso de un caballero loco que iba acompañado de un un escudero leal y razonable. Esa noche pasó rápido, la noción del tiempo había desaparecido para nuestro amigo.

   Cuentan que jamás se supo más de ese niño en el pueblo, que nadie más sabe que ocurrío. Pero que desde entonces de la Fábrica de Juguetes sale una hermosa música todos los días al atardecer. Dicen que un viejo canta y cuenta historias de un pueblo donde 332 personas renunciaron a su corazón. Que cuenta lo hermoso que puede llegar a ser el dolor cuando bebes y escuchas una dulce canción. Que un beso no tiene sentido sin el eco de un latido. Que un niño debe saber que la risa es la mejor llamada a Dios. Que derramarse en un mar de lágrimas hace a hombres y mujeres fuertes. Que un sollozo es ese gesto que nos hace nuestro corazón para que nuestra niñez aflore durante segundos. Y que un sueño es la forma que tiene un corazón de presentarse ante nosotros. Pum pum pum.


domingo, 24 de mayo de 2015


   Siempre me encuentras, sentado, esperandote, distraido, pensando en como vendrás vestida esta vez. Unas veces te disfrazas de dulces palabras, y otras de cortante indiferencia. Da igual, navego a la deriva desde hace mucho tiempo, mecido tan solo por el vaivén de tu desidia.

   Miro a las estrellas intentando no darle importancia a tu presencia, como si fuera posible separar las moléculas de Oxigeno de una particula de aire. A ratos amamantas mis esperanzas a ratos le enseñas los dientes a mis alegrías. Esta vez me has recogido en tus brazos, me has abrazado y me has elevado. Ahora ya no tocan mis pies el cielo, solo siento el mojado placer de ser parte de tu cuerpo, y gotea cada uno de mis pensamientos como lo haría un beso por el acantilado natural de tus caderas.

   ¿Que mas dá que sea yo quien lleve el peso de esta tango? Tu muerdes, yo balanceo, cada uno conoce su labor y el destino de ambos. Dudar es parte de mi naturaleza, odiar parte de tu deseo. Sigue bailando, mareando mis sentidos mirando a mis ojos desnudos, donde ni las lágrimas se muestran ante tu mirada por el mas obsceno pudor. Y golpeas, y jadeo.

   De repente ya no estás y solo caigo, la mas silenciosa oscuridad me traga presentandome a la Diosa Realidad, dueña y señora de todos nosotros. Caigo y no se cuanto tiempo llevo haciendolo, pero merece la pena caer si en esta caida me llevé un poco de tu olor.

   Un fuerte impacto resuena dentro de mi cabeza, y cálida humedad de vida que se me escapa segundo a segundo interponiendose entre el frio asfalto y mi destrozada piel. Solo soy basura, un montón de carne esperando su putrefacción. Un montón de huesos reventadados tras una larga caida, y en los ojos tu reflejo, la última imagen, y en la cara una mueca de felicidad. Sólo soy una puta, pero en tus brazos la puta mejor pagada.

miércoles, 25 de marzo de 2015


   A veces, sin saber por qué, se pierde el control de las emociones. Solo somos conductores de la vida, simples y meros metales que conducen cada atomo de nuestra existencia hacia un destino carente de sentido hasta que el futuro se torna en presente. Damos el salto de una conciencia terrenal hacia un plano incomprensible para nuestra limitada mente.

   Esto ocurre en ocasiones forzado por un trauma, un elemento externo que nos desarma, como si fueramos un juguete en manos de la providencia. Pero cuando nuestra mente es capaz de liberar amarras y naufragar entre las olas del tiempo, la paranoia coquetea con la realidad haciendonos complices de algo maravilloso.

   Entre estas cuatro paredes a veces he creido encontrar el verdadero amor en ese estado. He sentido todo aquello que me rodeaba hasta el punto de llegar a sufrir la tristeza de la desterrada noche, como si cada particula de oscuridad emitiera un gemido de desesperanza.

   ¿Que por que estoy aquí? Muy sencillo, por que no debo coexistir con nadie de mi especie, no se me esta permitido hablar con nadie mas allá de estos muros. No puedo contar todo aquello que con el paso del tiempo he ido asimilando.

   No se me esta permitido decirles que todo es más sencillo, que estabamos equivocados. Cuando somos niños lo sabemos todo y poco a poco se va erosionando cada una de nuestras percepciones. Somos nomadas en busca de sensaciones, eternos caminantes sin rumbo ni destino.

   Es maravillosa esa sensacion de libertad, de levedad, solo energía, nuestro perdón danzando en consonancia con las vibraciones del amor incondicional. Rozar cada molécula del universo hasta fundirse en una explosión de éxtasis, algunos lo llaman Nirvana, otros Dios, los últimos que me acompañaron antres de entrar en estos muros, lo llamaron Muerte.