miércoles, 1 de octubre de 2014



   Constante gravedad como te doblegas ante el leve golpe de sus pies contra el suelo. La elegancia siempre me ha parecido ese instante en que el reloj se para obligado a contemplar el movimiento de algo o el gesto de alguien, y ese instante se hace fotogramas al contemplar tan hermoso ser.

   Escondido en la cara oculta de la luna donde las sombras se alían entre la profundidad de mi mirada sigo observándote. Esta eternidad solo ayuda a convertir el dolor en una fina punzada que aparece en cada latido entre los ecos del pasado. He aprendido que solo somos espectadores de una función donde el telón lo ponen los sueños y las luces nuestro deseo.

   No sabes que estoy, no tienes la menor idea de lo que mi voz guardó, ni eres consciente de lo que ha robado mi silencio. No quiero perdón, ni lágrimas, ni besos, sólo hacerte saber de mi existencia entre tus sombras, entre tus anhelos. en tus lamentos. Guardián de tus sueños que desde la Luna echa de menos el olor de tu cuerpo.

   El pasado solo es la historia que cuenta como he llegado a este momento. Nada tiene importancia, solo este momento donde tus pasos son guías que preceden la dulzura de delicados movimientos. Nada tiene importancia solo el balancear entre la suave brisa que tiene tu pelo. Nada tiene importancia, solo la hipnótica forma de una sonrisa que se posa entre tus labios.

    ¡Luna déjame quedarme un poco más! ¡No me empujes a las profundidades de este mar! Mientras desciendo hacia la oscuridad sigo contemplando, sigo mirando, el elegante movimiento que paró mi reloj. Mientras la gravedad me vuelve a encerrar en mi negra prisión, el monstruo sigue contemplando la gracia con la que apartas un mechón de pelo de tu cara, mientras se mezcla la sal de la mas oscura profundidad de un mar con la sal de vida que habita en una lágrima.


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