miércoles, 8 de octubre de 2014



   Desde el otro lado del espejo solemos ver las cosas de otra manera, nuestro reflejo original suele pensar que detrás no hay nada, pero nosotros hacemos una gran labor. Hacía tiempo que no le decía nada a mi hermano real, pues nosotros para vosotros somos solo un ejercicio físico de la naturaleza, luz y leyes complejísimas que hacen que cuando os miráis en el espejo aparezcamos nosotros, menuda estupidez.

   De niño recuerdo que cada vez que venía a visitarme me encantaba, reíamos, jugábamos con la pasta de dientes, nos secábamos el pelo fuerte con la toalla mientras arrugábamos el gesto, hacíamos muecas, nos buscábamos pelos por el cuerpo y por la cara, saltábamos, bailábamos, cuando eramos niños era genial.

   Después comenzaba a visitarme solo para buscar mis defectos, siempre ha sido un poco gilipollas, ¡michelines tenemos todos capullo! Creo que es la época que mas tiempo pasaba junto a mi. Siempre peinándose y poniéndose guapito, que coñazo tener que estar todo el día soportando a aquel adolescente inseguro. Lo peor es que a mi me toca siempre hacer lo mismo que él. ¡Que aburrimiento!

   Años después un chico con los ojos apagados se mostraba en vez en cuando. Cambiamos incluso de espejo, era divertido ver mundo, pero en aquella época no había tantas sonrisas, creo que cuando mas me acompañaba era cuando en su mirada ebria brillaba la nostalgia de volver a nuestro primer espejo. ¡Ah sí! Y cuando se levantaba muy temprano y se lavaba la cara maldiciendo. ¡Me cago en Dios que asco de vida! Esos eran sus buenos días. Creo que ha sido la época que peor lenguaje tenía.

   Cuando empezó a dejarse el pelo largo le dije que le quedaba bien, a mi también me gustaba llevarlo. Todo empezó a cambiar en aquellos ojos desde aquel periodo. También agradecía volver a ver esa sonrisa otra vez. Hasta algún que otro escarceo amoroso frente al espejo. Sí hay momentos en los que me gusta mi labor, son esos, os lo juro.

   Desde aquellos días todo empezó a cobrar sentido. El capullo que veo todas las mañanas se fue construyendo desde aquellos días. Hemos llorado, hemos reído, hemos vomitado, hemos estado de resaca horas y horas sentados en el trono. ¡Que asco! La vida de un artista nos decíamos. Y la frase mítica, "no vuelvo a beber más".

    Hoy te he mirado, nos hemos lavado la cara y hemos cubierto con agua nuestras decepciones. Hermano el juego de la vida es así juégalo sin piedad. Te he visto llorar, sangrar, reír llorando, reír sangrando, he visto lo mejor y lo pero de ti. ¡Hermano si te rindes, te parto la cara!

   Que vuestros reflejos se sientan orgullosos de vosotros,



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