martes, 2 de febrero de 2016




   Es delicioso contener tu olor en mis fosas nasales, hueles a sudor, sexo, alcohol, sí, pero también a rencor, fracaso y depresión. Tu inocencia pendida del hilo de mi capricho ¿No es muy arriesgada esa jugada cielo? ¿El más dulce roce de mis labios o el mordisco más desgarrador? ¿Que tendremos de menú hoy?

   No voy a soltarte, no supliques, las correas están bien apretadas, lo justo para no dejarte sentir comoda, pero para que la sangre siga su camino palpitando, latiendo, recorriendo cada milimetro de ese cuerpo, suave, delicado, delicioso, listo para ser recorrido por mi sucia lengua.

   El tono de mi voz será el eco de tu cordura, abrazate a ella, graba cada silaba de mis sibilinos labios, pués eso te hará sobrevivir a la oscuridad. Lo siento querida, pero perdí la capacidad de ser clemente, tus lágrimas no harán otra cosa que excitarme ¿Acaso no notas ya la erección? Erguida mi carne, será el mejor lugar para que descanse tu boca.

   ¿Me odias? ¿Me amas? ¿Me detestas? ¿Me deseas? Todo da igual, es lo mismo, yo para ti soy el Dios Sol y la peor de tus pesadillas, ambas cosas van de la mano, ahora te das cuenta. Este mundo nos crea, nos hace esas sucias criaturas que se esconden bajo tu cama, que te observan en la sombra, tejiendo el mayor de los desprecios y a la vez engarzando el más puro de los amores. Ellos crean sus dioses y sus demonios, nosotros solo somos lo que ellos quieren que seamos, ahora tu eres la presa y yo el cazador, bebes de mi, mientras yo succiono tu esencia, un agijón clavado en la carne, un agijón que no quieres que saque, pues esta exquisita maldición es todo aquello que tu cuerpo anhela.

   Los dos, ambos, somos lo mismo, una ficción creada por el colectivo, somos dos personajes, dos marionetas, yo solo tengo la opción de dominarte y tu, tu única libertad, ser dominada.






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