jueves, 31 de octubre de 2013


   Cansado y tumbado en esta cama, donde las melodías resuenan aún en los ecos de esta alocada cabeza, reflexiono y valoro el trabajo de músico. Ensayar, componer, organizar, explicar las ideas, compartir las metas, sacrificar y valorar.

   El momento del día posiblemente sea el estar interpretando un minuto más y tener ese nudo en la garganta y esa humedad en los ojos como el primer día que la canté. Es muy difícil trasladar los sentimientos que un artista puede sentir al interpretar una pieza. El aire entra, sube el impulso desde el pecho, la garganta se moldea para dar paso a la nota, pronuncias y sueltas cada palabra que un día en la tranquilidad de tu escritorio compusiste con esa "foto" que había dentro de tu cabeza.

   La vida es corta, es nuestra obligación aprovechar lo que nos ofrece. La mía me puso en el camino una de las cosas mas mágicas que existen, la necesidad de exportar las sensaciones de este cajón viejo lleno de cartas leídas y algunas sin leer llamado corazón, es un palpitante golpe en tu cabeza, aparece te habla, te susurra, te obliga a expresarte de la mejor manera que sabes.

   Abrazaos a una canción y olvidad el resto de la irreal reverencia a modas y bobadas. Serrín para nuestras cabezas, y donde hay serrín hay orín. Se podrán mear en nuestras cabezas, pero los sueños vuelan demasiado alto para salpicarlos. ¿Cuanto vale una canción? Vale su peso en lágrimas.

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